ESTRATEGIA No. 1

marzo 19, 2007

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Construyendo La Otra Campaña: Algunas palabras a los compañeros adherentes

marzo 18, 2007

Introducción  Un año y medio ha pasado desde el llamado del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a la alerta roja, que culminó con la publicación de
la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona; que se convirtió en un llamado a la organización y la lucha de “todos los explotados y desposeídos de México”. Un año también ha pasado desde que, distintas organizaciones políticas, sociales, indígenas y sindicales, así como individuos, nos hemos sumado al proceso constructivo de
la Otra Campaña (OC); razón por la cual creemos oportuno hacer público este balance de los puntos que consideramos más importantes para avanzar en el camino combativo y anticapitalista de
la OC.
 

Ante la escalada de lucha social en el país, y ante la respuesta represiva de la burguesía a través del Estado y los grupos reaccionarios; vemos necesario formular en la medida de lo posible el dialogo y los consensos necesarios que nos permitan avanzar en la lucha y apuntalar el Poder Popular, el poder de los de abajo; que se esta conformando en
la OC y que vemos que no ha podido desarrollarse a plenitud, por distintas situaciones que expondremos más adelante.
 Las mujeres y hombres que componemos
la OC debemos de construir en la practica la nueva forma de hacer política, es decir, una forma que rompa con caudillismos y seguidismos, con manipulaciones y acuerdos cupulares. La fuerza de
la OC reside en la gran fuerza de sus bases, en este sentido, lejos de ser
la OC el movimiento de tres o cuatro organizaciones “grandes”, somos los trabajadores, campesinos y estudiantes los que debemos de darnos un Plan Nacional de Lucha que responda a nuestras expectativas y aspiraciones, y que además nos sirva para ganar a nuestro movimiento al resto de los explotados y los oprimidos del país.
 

Partiendo de nuestra concepción libertaria y revolucionaria, vemos necesario la publicación de este análisis como parte del proceso critico interno de los adherentes de
la OC, y como parte también de un llamado y una contribución mínima, pero contribución al fin, al debate constructivo y propositivo que debe de darse en el seno del naciente movimiento de lucha.
 Buscando la mayor claridad posible en el presente análisis, con el fin de convertir éste en una invitación a la reflexión y al debate, procederemos a dividirlo en tres partes que pensamos deben de articularse en segmentos distintos. En primer lugar las cuestiones practicas, de mayor carácter organizativo  en las que
la OC se ha visto envuelta a lo largo de su joven desarrollo; en segundo lugar algunas aportaciones en general al debate teórico de la construcción de
la OC; y por ultimo algunas consideraciones sobre las tareas que se nos presentarán en este 2007.
 

I.- Consideraciones Tácticas 

Sobre el Oportunismo y
la Autonomía.
 

“El capitalismo ríe cuando el trabajador emplea la boleta electoral para conquistar su libertad económica; pero tiembla cuando el trabajador hace pedazos, indignado, las boletas que sólo sirven para nombrar parásitos” Ricardo Flores Magon 

El desarrollo de
la OC en este poco tiempo, nos obliga a llamar la atención sobre ciertos puntos que son necesarios superar para avanzar en nuestro movimiento. El desarrollo de una política nueva, una política verdaderamente de los de abajo, debe de pasar necesariamente por una practica coherente de nuestros principios democráticos y combativos. La defensa de estos principios, lejos de ser un absurdo ideológico o una necedad programática, se convierte en la defensa del proyecto mismo, y por tanto debe de partir de todos nosotros.
 En primer lugar, encontramos la necesidad de construir
la OC desde una posición de autonomía de clase. Desgraciadamente es fácil observar al oportunismo perredista, pasear sus banderas reformistas entre nuestras filas, buscando por distintos medios encallarnos a la cola de la democracia burguesa. Por todo nuestro país, las asambleas y actos que realizamos se ven envueltos por la presencia de estos grupos o individuos que se aprovechan del descuido, la ingenuidad o de plano de la complacencia de algunos adherentes para desarrollar su política colaboracionista de clase.
 

Los llamados de estos mismos grupos a la participación de
la Otra Campaña en la campaña de AMLO, así como en
la CND, fueron tan solo un ejemplo del oportunismo que debe de combatir nuestro movimiento. Por el contrario, nuestra organización debe de oponer la autonomía de clase al oportunismo de ciertos grupos.
 Cuando hablamos de autonomía de clase entendemos que debemos conformar
la OC por fuera  y en contra de los partidos políticos, del gobierno en cualquiera de sus niveles, y de la burguesía. Entendemos esto como una necesidad básica para desarrollar una forma de hacer política que verdaderamente responda a las necesidades y aspiraciones de los explotados y los oprimidos.
 

Cualquier vía que pretende conciliar los intereses de la clase dominante, con los del pueblo obrero y campesino, no es más que un camino al fracaso y a la desmovilización. Quienes pretendían conducir a
la OC al sendero de la democracia burguesa, nos llevaban irremediablemente al colaboracionismo de clase y a subordinar los intereses, históricos y necesarios de los trabajadores de destruir al capitalismo y construir de abajo a arriba la sociedad liberada, a la falsa ilusión de un cambio en las relaciones sociales dentro del capitalismo.
 Subordinar el movimiento popular a las instituciones del Estado (gobierno o partidos burgueses) anula cualquier posibilidad de desarrollo real del movimiento de masas. Al constituirnos de manera independiente al Estado, nos situamos fuera de su lógica y por ende en su contra. Es de vital importancia que
la OC se desarrolle de manera clara en contra del Estado mexicano como su enemigo inmediato, y en contra del Estado como institución histórica que garantiza la opresión de una minoría parásita sobre una mayoría subordinada política y económicamente. La necesidad de combatir al capitalismo pasa obligatoriamente por la necesidad de combatir al Estado, de la misma forma que la supresión del capital lleva necesariamente consigo la supresión del aquel.
 

La respuesta franca y abierta de los de abajo; ante los que nos vienen a arrastrar a la lógica de los de arriba, a empantanarnos en su verticalismo pseudo democrático, a quienes nos venden la quimera de que los cambios solo pueden venir por decretos, desconfiando de la capacidad popular de construirnos un futuro justo y solidario; debe de darse sin contemplaciones, como sin contemplaciones se ha dado la represión de los gobiernos del PRD y sus esbirros sobre los compañeros de Texcoco y Atenco, sobre los valientes comuneros de
La Parota, sobre las bases de apoyo zapatistas, etc. No hay espacio en
la OC para quienes han perseguido, encarcelado y torturado. En fin, para quienes permitieron que el gobierno federal enviara a
la PFP a
la UNAM, y quienes continúan sin esclarecer los asesinatos de Pavel y Digna, por nombrar solo algunos; no pueden estar más que en contra de nuestro vasto movimiento.
 

Sobre el Borreguismo y
la Democracia Directa.
 “Es que nuestro ideal de justicia responde a una necesidad fuertemente sentida. El ser humano se siente acometido por todos lados por mil males que lo esclavizan y lo hacen desgraciado, que impiden su desenvolvimiento natural y libre; hojea la historia, y se convence que ningún gobierno ha hecho la felicidad del pueblo.” 
R. Flores Magon                                                                         

Observamos de manera lamentable la falta de análisis y debate en las coordinadoras. La construcción de un movimiento del pueblo, de los millones de explotados y oprimidos de este país, se cambia con facilidad por el culto mesiánico e infantil hacia el SubComandante Marcos o hacia el EZLN. El trabajo en nuestro entorno, la movilización con nuestros compañeros y compañeras en la fabrica, el campo, la escuela o el barrio; se deja de lado para “prepararse para recibir a Marcos”, como si
la OC lejos de ser un movimiento popular que apunte a subvertir el ordenamiento social, sea una mera gira mediática.
 

Por lo señalado anteriormente, reconocemos que son hechos ajenos a las intenciones del compañero Marcos o  del EZLN, como también reconocemos que por su antigüedad o arraigo puedan generar un clima de simpatía o de expectativa que puede llegar a ser capitalizado como tactica propagandistica; pero de eso, a centrar
la OC en un individuo hay un gran trecho. A los millones que no saben de lo que estamos proponiendo, hay que buscar organizarlos, que en la lucha se convenzan de nuestras demandas de una sociedad justa e igualitaria, y no llevarles la foto o la estampita de “nuestro candidato”.
 El llamado es entonces a generar el dialogo, romper el borreguismo y la mistificación. A estas prácticas debemos de oponer el poder de las bases, la democracia directa. Es necesario que
la OC vaya articulando su fuerza en su capacidad de autodirigirse desde sus bases hacia la ruptura con el sistema capitalista, y para esto es necesario avanzar en las asambleas y en la democracia directa.
 

Las bases organizadas, llevando a cabo por su propia cuenta las acciones de manera directa y sin intermediarios, tomando en sus manos su propio destino,  son las principales garantes del triunfo de nuestra lucha. Al burocratismo y la centralización inherentes a la organización del estado burgués, la fuerza del proletariado combativo y militante reside en su capacidad de gestionar de forma directa la lucha contra el capital. A medida que
la OC logre basar sus decisiones en la entera elección de la totalidad de sus participantes, su fuerza y su capacidad aumentaran exponencialmente. El análisis y la critica, el debate y las propuestas; son en esencia la forma de hacer política del proletariado, pues son el opuesto dialéctico a las formas y los medios autoritarios y verticales de la burguesía. Combatamos estas posturas y demos paso al análisis y al desarrollo desde abajo; para que de esta forma se de el desarrollo combativo, horizontal, autónomo y democrático de
la OC.
 

Sobre la lucha defensiva y la lucha ofensiva. 

“…el abismo establecido entre la minoría afortunada y privilegiada y los millones de trabajadores que mantienen a esta minoría mediante su propio trabajo se amplia sin cesar, y cuanto más ricos se hacen los explotadores del trabajo, más miserable va pasando a ser la gran masa de los trabajadores”Miguel Bakunin. Los distintos eventos que a lo largo del 2006 marcaron el ascenso de la lucha de masas, son una muestra clara de la necesidad de que
la OC aporte una clara dirección anticapitalista a los distintos conflictos sociales. En este sentido, es asico que la OC desarrolle una estrategia que le permita construir una basta fuerza social capaz de oponerse al capital.
 

Esta fuerza la desarrollamos a través de luchas defensivas, de luchas por objetivos inmediatos que puedan desarrollar la capacidad numérica de
la OC, así como la capacidad combativa de los adherentes. Conflictos como el de SICARTSA o el de Oaxaca deben de ser el espacio donde los adherentes lleven a la práctica los métodos y formas de
la OC. En este sentido, es preciso no solo apuntar una salida clasista a dichos eventos, si no lograr en la calle y en las asambleas encausar estos conflictos bajo los principios de
la OC.
 Si
la OC se ha pronunciado por un “Programa nacional de lucha”, es el actual momento el de acumular fuerzas, de amarrar lazos y de preparar las estrategias para una larga contienda; y no, lanzarse a una lucha de carácter ofensivo sin un programa que lo respalde y sin que tenga una plan de acción a nivel nacional. El momento es entonces el de construir, el de desarrollar una política popular combativa, que logre movilizar a los explotados y oprimidos, que pueda aglutinarlos en los distintos espacios de lucha de
la OC, y habiendo completado esta etapa, en el momento de efervescencia popular generalizado, lanzarnos al proceso destructivo de nuestra lucha, para construir en las cenizas de la actual sociedad, la cimentación de otra muy distinta, basada en los principios de libertad, fraternidad, igualdad, democracia y justicia social.
 

La lucha por la liberación de los presos políticos ha logrado aglutinar en torno a ella, a otras personas y organizaciones que no habíamos sido capaces de sumar. Las demandas que han surgido de los espacios estudiantiles, como la lucha nacional contra el CENEVAL, por poner un ejemplo, son muestras de avanzar en esta lucha defensiva. Así mismo, las demandas que se escucharon en los Encuentros Obreros, son el estandarte para iniciar la lucha en nuestros propios espacios y círculos de acción. Empezando por construir en lo que nuestras fuerzas aisladas son capaces de hacer, buscando de esta forma generar un apoyo, primero hacia la lucha democrática y asamblearia de los de abajo, y luego hacia
la OC. Antes de querer atacar debemos de estar unidos obreros, campesinos, estudiantes, indígenas, desempleados, colonos, etc.  Esta es la condición más básica para vencer al capital.
 

Sobre la construcción de abajo a arriba y la lucha contra las burocracias. “la revolución sólo puede ser emprendida y llevada a su pleno desarrollo a través de la acción masiva continua y espontánea de los grupos y asociaciones populares.”Miguel Bakunin. 

Ahora bien, el proceso anteriormente marcado, para que pueda ser realizado de manera efectiva, debe de tener su cimentación en algo que poco existe en
la OC: las asambleas de base. Las asambleas son el punto de toma de decisiones, son la base de la construcción de abajo a arriba. Estas asambleas de base son necesariamente autónomas, democráticas y horizontales. Son los espacios de participación directa y sin intermediarios de obreros, campesinos, indígenas, estudiantes y vecinos; en sus respectivos espacios de lucha, y que han entendido que solo uniendo nuestra capacidad de lucha podremos afrontar de manera victoriosa la ruptura con el sistema.
 ¿Por qué decimos que poco existen en
la OC? En primer lugar por que no hemos sido capaces de atraer a nuestro proceso a más gente de la que estuviera ya organizada y en lucha antes de
la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona. Esto desgraciadamente trae como resultado viejos vicios y problemáticas entre grupos y/o individuos, así como un aislamiento de la gente que no esta organizada. Las caras que vemos en las coordinadoras y en las asambleas nacionales ya las hemos visto anteriormente, y sin embargo, las caras nuevas son solamente las de los mas jóvenes, y no de compañeros de distintos sectores y edades que se estén sumando a la lucha, y esto puede llevarnos, ni somos capaces de articular políticas que sumen personas, a repetir viejos errores.
 

En segundo lugar vemos que en las que hay,  afortunadamente no en la mayoría, en ocasiones se da una gran falta de autonomía y de democracia directa. Siendo esto resultado de aquellos que se niegan a abandonar viejas practicas priistas: acarreados, dedazos, traspaso de direcciones, cúpulas que se reeligen eternamente, etc. Esta burocratización contraria a nuestra política de construcción de abajo hacia arriba, se constata en la practica de trasladar las propias burocracias de ciertas organizaciones políticas a una o varias de “sus” organizaciones populares. Teniendo como resultado burócratas profesionales en varias estructuras organizacionales. Con lo anterior no decimos que las organizaciones políticas debamos de abstenernos de participar en las organizaciones sociales, tanto obreras, como campesinas, estudiantiles, indígenas, barriales, etc. Si no por el contrario, nuestra practica debe de fomentar en todo momento la autoorganización y la democracia directa, y no, por el contrario, obstaculizar este proceso. Quienes en su practica imponen desde arriba, no crean con su discurso renovado y maquillaje democrático, la construcción de abajo a arriba. 

Si las burocracias se han erigido como uno de los principales obstáculos para el desarrollo de la lucha de la clase obrera en México, no podemos aspirar a derrotarlas si no acabamos primero con el burocratismo en nuestro movimiento. La lucha contra las burocracias empieza en
la OC antes de trasladarse a las fábricas y talleres.
 

Sobre las alternativas de
la Otra Campaña.
 “Clase, poder, Estado son tres términos inseparables cada uno de los cuales supone necesariamente los otros dos, y que conjuntamente se resumen en estas palabras: la sujeción política y la explotación económica de las masas.”Miguel Bakunin 

Observemos entonces que tenemos dos posibles senderos a recorrer por nuestro movimiento. El primero es la vía caduca burocrática, cuya democracia y horizontalidad se encuentra, a lo sumo, solo en el discurso. Ya sea la burocracia creada y sostenida por el borreguismo y la falta de perspectiva y crítica, o la burocracia centralista estatista, incapaz de permitir el desarrollo de la lucha y el autogobierno de los de abajo, al final de cuentas, ambas igual de nocivas y contrarrevolucionarias. 

La segunda vía es la que se construye en las bases, la que federa desde abajo, y solo abajo articula las decisiones. Es la vía que pone a la cabeza de la lucha, no a las siglas o a ciertas organizaciones políticas, si no a las organizaciones sociales, es decir, asambleas, uniones, frentes, sindicatos, etc., de campesinos, estudiantes, colonos, indígenas y trabajadores. Por ser estas las que componen mayoritariamente
la OC, y por ser, ante todo, semillas, por su practica asamblearia, horizontal y libertaria, de la nueva sociedad.
 La primera vía ordena desde las reuniones a puerta cerrada de las elites; mientras que la segunda vía decide en la junta, en la asamblea después del mitin, a la hora de la comida en la fábrica o la clínica, en la reunión en algún espacio de la escuela, en la asamblea comunitaria, etc. 

La primera vía tiende a mantener la práctica actual de la mayoría de las coordinadoras estatales, es decir, a llamar a la gente a sumarse a nuestro movimiento en sus formas y contenidos que han dictado los “líderes” en alguna parte del país, llevando sus rostros como bandera. La segunda vía practica aquello de que
la OC la hacemos todos. No llama a seguir el rostro, si no a comprender la realidad y cambiarla. Llama a los explotados y oprimidos a tomar la lucha ellos mismos, sin intermediarios, contra la injusticia y la marginación.
 La primera vía nos lleva como podemos ver, a someter nuestras diferencias enriquecedoras al centralismo burocrático que mantiene la lógica burguesa dirigentes/dirigidos, a las divisiones de siempre y al fracaso. La segunda vía nos lleva al movimiento autoorganizado de los de abajo. Un movimiento vasto y fuerte; un movimiento de muchas voces, de muchos colores, que sin embargo encuentra la unidad real no ya en las formas externas, si no en la practica reflexionada y común de la autonomía, la horizontalidad y la democracia directa; como medios para llegar al autogobierno y la libertad. 

II.- Consideraciones Teóricas 

Adherentes ¿a
la Sexta o a
la Otra?
 “Organizar la sociedad de tal manera que cada individuo, hombre o mujer, pueda hallar, al entrar en la vida, medios aproximadamente equivalentes para el desarrollo de sus diversas facultades y de su ocupación laboral. Y organizar dicha sociedad de tal forma que haga imposible la explotación de algun trabajador, lo cual permitirá a cada individuo disfrutar de la riqueza social, la cual, en realidad sólo se produce por el trabajo colectivo; pero sólo para disfrutarla en cuanto él contribuya directamente hacia la creación de dicha riqueza.”Miguel Bakunin. 

En algunas ocasiones, diversos compañeros nos han preguntado en que sentido participamos en
la OC, en este documento queremos dejar en claro algunos puntos. Consideramos que es indispensable que los trabajadores y campesinos en nuestro país avancemos hacia nuevas y superiores formas de organización para la defensa de nuestros intereses presentes e históricos como bloque oprimido. Es en este sentido que consideramos a
la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona como un esfuerzo en pos de la unidad de la lucha proletaria y popular.
 
La OC se ha constituido en este país como una organización del pueblo en lucha, que empieza a sumar a otros sectores que ya estaban movilizados y busca acercar a aquellos que empiecen a sostener sus propias luchas para buscar unirlas y extenderlas, basando su desarrollo en la solidaridad y la unidad de clase. Es esto precisamente lo que nos ha llevado a través de este año a participar activamente como miembros de
la OC en nuestros respectivos espacios de acción.
 

Sin embargo, consideramos dejar en claro una vez más el por qué no suscribimos
la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona. En primer lugar consideramos que
la Sexta es un documento de una organización especifica de
la OC, y que si bien invita a sumar fuerzas, no quiere esto decir que el resto de las organizaciones debamos de suscribir en la totalidad sus análisis, puntos y conclusiones.
 En segundo lugar, y enlazando esta discusión con eventos más actuales, consideramos que los adherentes nos debemos de replantear algunos de los puntos y propuestas de
la Sexta. A fin de cuentas, entendemos en todo momento que
la OC es algo que construimos todos, y no algo que se nos ha dicho como debemos construir.
 

Creemos que el hecho de no suscribir
la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona, no nos debe de excluir, ni a nosotros ni a otros individuos y organizaciones que sin firmar nada han participado activa y resueltamente en
la OC. La OC la construimos en la practica diaria, y somos los que sostenemos nuestra militancia en las calles, en nuestros centros de trabajo, en nuestras escuelas y en nuestras tierras los que debemos de decidir el destino de nuestro movimiento. 
 Nos manifestamos por la más amplia libertad de crítica, de debate y de aportaciones; siempre y cuando se hagan dentro de los marcos de la defensa integral de la organización y la acción combativa de los explotados y los oprimidos; asi como del respeto, la tolerancia y la exposición razonada y argumentada de ideas.. 

Sobre
la Redacción de una nueva Constitución
 

“No admitimos, ni tan solo en calidad de transición revolucionaria, Convenciones nacionales, Asambleas constituyentes, gobiernos provisionales o dictaduras supuestamente revolucionarias; porque estamos convencidos que la revolución  solo es sincera, honesta y real en el seno de las masas, y que cuando se encuentra en manos de cualesquiera gobernantes, se convierte inevitablemente e inmediatamente en la reacción.”Miguel Bakunin. Avanzar en la construcción del Plan Nacional de Lucha es dotar de un camino a seguir a nuestro movimiento. La función de este programa será precisamente brindar un marco teórico consecuente a la acción de los adherentes. Uno de los puntos que consideramos medulares en la agenda de
la OC es la definición sobre la cuestión de una Nueva Constitución.
 

Como lo hemos manejado en anteriores documentos, nuestra organización se opone resueltamente a que nuestros esfuerzos organizativos y los de la clase se trunquen y terminen empantanados en la instauración de una nueva institución que permita y convalide la desigualdad social, es decir, a una nueva constitución. Citando
la Sexta Declaración de
la Selva Lacandona: “También vamos a ir viendo de levantar; una lucha para demandar que hacemos una nueva Constitución o sea nuevas leyes que tomen en cuenta las demandas del pueblo mexicano como son: techo, tierra, trabajo, alimento, salud, educación, información, cultura, independencia, democracia, justicia, libertad y paz. Una nueva Constitución que reconozca los derechos y libertades del pueblo, y defienda al débil frente al poderoso”.
 

Ahora bien. Si revisamos la constitución actual, la de 1917, podemos apreciar claramente que en todo momento se habla de los derechos y garantías del pueblo. Pasando por la educación, trabajo, vivienda, etc. Recorremos las paginas de este texto que defiende todo aquello de lo que se habla en
la Sexta, y sin embargo sabemos que nada de esto ha pasado. Nuestra constitución, considerada por Cuba o
la URSS como una de las más “avanzadas” en su época ha sido el pilar de la iniquidad y la desigualdad social con la que se ha construido el estado mexicano.
 Partiendo de esto, consideramos que no es la constitución la responsable de la explotación y la marginación. Si no que entendemos que estas situaciones lamentables para nuestro pueblo derivan de la organización económica capitalista y de la existencia del Estado. Siendo el capitalismo causa y efecto simultáneamente del Estado. 

De esta forma, creemos que si aspiramos a la verdadera justicia y libertad para nuestro pueblo, debemos de entender que es necesario la total destrucción del actual sistema económico y la liquidación del Estado. Siguiendo dichas premisas, la construcción de la sociedad liberada, fraterna y solidaria, sobre las cenizas del estado burgués y del capital, es nuestro objetivo a largo plazo, y es al cual debemos de subordinar nuestro accionar. Ahora bien, si luchamos por una sociedad en la que todo aquel que venga al mundo tenga las mismas posibilidades al nacer, entendemos como una contradicción que exista en dicha sociedad la desigualdad necesaria para que el “techo, tierra, trabajo, alimento, salud, educación, información, cultura, independencia, democracia, justicia, libertad y paz” deban de ser asegurados por un documento que implica que haya un grupo determinado que lo haga valer de manera profesional, y no sea la sociedad misma en su conjunto la que impida la explotación y la opresión. 

La redacción de una nueva Constitución nos lleva a la elección de una asamblea constituyente, es decir, no una asamblea de delegados rotativos que representan los intereses de quienes los han enviado bajo la norma del mandato imperativo; si no una asamblea de delegados fijos, que en lo que deciden lo que piensan sus agremiados, pierden cualquier contacto directo con la realidad de explotación y privaciones del resto del pueblo pobre. Una constitución implica un gobierno con herramientas coactivas que haga cumplir las leyes. Un gobierno que, aun siendo elegido entre obreros y campesinos, será formado por ex trabajadores que al poco tiempo se habrán convertido en un puñado de políticos profesionales disociados de las necesidades y realidades de los centros de trabajo; mimados y tratados como realeza se aprestaran pronto a olvidar a quienes los habrán elegido, sosteniendo su vida parásita sobre la explotación del resto de los trabajadores. 

Frente a este gobierno denominado representativo, llamamos a sostener el autogobierno, la federación y unión de las fuerzas productivas en lucha. Todo el poder de decisión debe única y exclusivamente residir en las bases autoorganizadas, pues son ellas las que habrán sabido ganar la calle, y a las que corresponde en única instancia dar dirección a la construcción de la humanidad liberada. El pueblo que marcha resuelto a la conquista de la libertad, no precisa en nada dotarse de un nuevo yugo; por el contrario, la posibilidad de reconstituirse libremente según las propias necesidades; tan variadas estas por la gran diversidad cultural; será el primer triunfo que brindara el autogobierno.  

Pensamos que si buscamos la organización de los trabajadores y campesinos y, como dijo el Subcomandante Marcos en el Encuentro Obrero: “la expropiación de los medios de producción”. El paso que de el movimiento proletario debe de darlo de forma resuelta para no volver a permitir que se imponga sobre el una nueva fuerza opresora. Suprimida la explotación laboral y el monopolio de las tierras, consideramos absolutamente incoherente el redactar una “nueva Constitución que reconozca los derechos y libertades del pueblo, y defienda al débil frente al poderoso”. Pues de estar el poder distribuido en el pueblo victorioso, es imposible que existan débiles y fuertes, a no ser que el movimiento, lejos de haber expropiado los medios de producción y de haberse convertido en dueño de su propio destino; haya claudicado en alguna salida reformista y burguesa, cuestión a la que los anarquistas revolucionarios nos opondremos siempre. 

Llamamos, por ultimo, a la totalidad de nuestros compañeros adherentes a recordar simplemente que en Chinameca cayo Emiliano Zapata traicionado por los constitucionalistas, por aquellos que aseguraban haber levantado una carta magna que defendía realmente al “pueblo”, emanada de la lucha de los campesinos y los obreros, que Ricardo Flores Magón cayo víctima del imperialismo por culpa de aquellos que apoyaron un el gobierno “revolucionario” en 1917. Que la experiencia de una revolución obrera y campesina que fue derrotada por la reacción hace un siglo no quede en el olvido y nos prevenga de la demagogia del gobierno popular…  

III.- Las tareas de
la Otra Campaña
 

Sobre las Expectativas y Oportunidades que se avecinan. “Lo que a los capitalistas les interesa es que el trabajador mexicano siga trabajando de sol a sol, por un salario de hambre; lo que a los capitalistas les interesa, es que el trabajador mexicano siga encorvado sobre el surco, fecundando con su sudor una tierra que no es suya; lo que a los capitalistas interesa es que haya un gobierno estable en México que responda, a balazos, las demandas de los trabajadores.”               Ricardo Flores Magon 

Con la toma de poder de Felipe Calderón tras la agudización postelectoral de la pugna interburguesa por detentar el poder político y económico de el país. Los síntomas de descomposición del régimen se hacen notables. Sin duda
la OC es el resultado no solo de la militancia y esfuerzo de sus adherentes, si no del campo fértil en el que las limitaciones de la democracia burguesa nos han situado.
 

Sin duda ningún presidente había recibido en México un país en tan mejor estado tanto política como económicamente como Vicente Fox y lo ha entregado en semejante condición. Tras 5 años de crisis presidencial, sumado al estancamiento del dólar y casi 25 años de políticas neoliberales; el 2006 vino a ser el catalizador del descontento social acumulado durante años. La actual situación política de debilidad y poca credibilidad en el gobierno debe ser aprovechada bastamente por
la OC.
 Las expectativas de
la OC para los siguientes años son notables, y las oportunidades no tardaran en llegar. Obligado por los intereses de los grupos que lo llevaron al poder, la nueva administración encabezada por Felipe Calderón tendrá entre sus prioridades pasar las llamadas “reformas estructurales”, en este sentido, el avance de las privatizaciones, así como la modificación a
la Ley Federal del Trabajo, son luchas en las cuales
la OC deberá situarse en primera línea, marcando una clara línea anticapitalista y de izquierda.
Es necesario que los adherentes  comencemos a vislumbrar nuestras estrategias de acción ante las reformas estructurales. Debemos de prepararnos para entrar con fuerza en estas luchas y establecer una política verdadera de masas, una política que corresponda a nuestra premisa de abajo y a la izquierda y que rompa con las direcciones burguesas properredistas que buscaran encarrillar estas luchas a la subordinación electorera y la  manutención de sus privilegios políticos y económicos. 

Una adecuada táctica combativa, que nos perita ganar en las calles la dirección del descontento social hacia las políticas neoliberales, es lo que debemos forjar en
la OC. Con nuestra practica democrática, asamblearia y anticapitalista deberemos de convertirnos en el referente y soporte de los nacientes movimientos. Solo  de esta forma lograremos avanzar correctamente en la agrupación de las fuerzas populares y proletarias, y de esta manera lograremos oponernos victoriosamente a la dictadura burguesa partidista.
 El 2007 se nos presenta a los miembros de
la OC como un año de crecimiento de la lucha, es imposible suponer otra cosa. Prepararnos para afrontar estas luchas debe ser nuestro principal objetivo. Encarar la nueva administración con una clara respuesta de la clase obrera, los campesinos y los estudiantes es nuestra tarea. El camino que se vislumbra ahora a
la OC debe ser tomado cuanto antes de manera resuelta y combativa.
 

La necesidad de avanzar en el fortalecimiento de
la OC para encarar de manera efectiva las presentes luchas, más las que se avecinan, es indispensable. De ahí la necesidad de remarcar la necesidad de un movimiento que verdaderamente represente los intereses de los explotados y los oprimidos, un movimiento de arriba hacia abajo.
 

Sobre
la Otra Campaña y la construcción del Poder Popular.
 “Ciudadanos y esclavos: tal era el antagonismo existente en el mundo antiguo y en los Estados esclavistas del Nuevo Mundo. Ciudadanos y esclavos, es decir, obreros a la fuerza, esclavos no de derecho pero si de hecho; tal es el antagonismo del mundo moderno. Y al igual que los Estados antiguos sucumbieron por la esclavitud, así perecerán también los Estados modernos a manos del proletariado.”Miguel Bakunin. 

A medida que
la OC avance por el sendero combativo y libertario; el desarrollo de nuestra fuerza, tanto en su capacidad critica, analítica y propositiva; como en su capacidad de oposición y confrontación con el régimen; se manifestara en claro aumento.
 Sin embargo, para que dicho aumento se vea consolidado, creemos necesario fortalecer y ampliar la participación y la organización popular a lo largo y ancho de nuestro país, así como entre nuestros hermanos inmigrantes en EU. Este fortalecimiento se dará en la lucha diaria contra patrones, autoridades, terratenientes, gobernantes, burocracias y demás. En las confrontaciones locales, iremos desarrollando nuestro poder, el Poder Popular. 

En este momento de la lucha; una huelga, una asamblea de colonos, un bloqueo de campesinos, un mitin en una facultad, pueden traer más beneficios que acciones en apariencia a gran escala. Pues es en estas ocasiones, que siguiendo la lógica del capital pueden parecer insignificantes, en donde vamos sumando y reconociéndonos en la lucha los de abajo. Donde vamos reuniendo las voces de inconformidad aprestándolas para derrotar a la explotación y la injusticia. El desarrollo de las luchas estudiantiles, campesinas, obreras, indígenas y populares, así como su aglutinamiento y cohesión en las coordinadoras estatales y regionales crearan en la practica, combativa y solidaria, una unidad real y sólida de los distintos sectores en lucha; unidad capaz de desatar con éxito el proceso de ruptura con el sistema capitalista, pues se encontraría basada en su desarrollo anticapitalista y libertario como Frente Único de los Explotados y Oprimidos. 

Consolidar la lucha donde existe, y extender la organización y la lucha a todos los sectores populares. Combatir las burocracias, el borreguismo y el oportunismo. Construir desde abajo y a la izquierda en las asambleas. Este es nuestro llamado a todos los compañeros adherentes, pues solo así destruiremos la actual iniquidad para construir la sociedad libre del mañana. ¡La decisión esta en las asambleas!¡Por el Autogobierno Obrero y Campesino!¡Viva
la Otra Campaña!
¡Contra el estado y el capital, Poder Popular! 

Alianza de los Comunistas LibertariosMéxico, Enero del 2007. 

Reformismo burgues vs Socialismo Libertario, durante la Revolución mexicana

marzo 18, 2007

Anáisis de dos programas políticos antagónicos. 

Durante gran parte de la segunda mitad del siglo XIX, un México después de ser castigado por guerras de invasión y demás guerras civiles sufría una dura dictadura militar. Porfirio Díaz es recordado por gobernar tiránicamente al país por  34 años. Una inmensa mayoría de trabajadores rurales súper explotados casi esclavos y una ínfima minoría parasitaria explotadora  componían la estructura poblacional mexicana. Los derechos políticos de una república burguesa no existían mas que en el papel. La dictadura porfirista solo podía ser mantenida por una recia política represiva. A lo cual llevaba en si misma una contradicción que la convierte inmediatamente en régimen temporal: la autocracia.   A principios de siglo, México era un país  en el que la revolución industrial no tenía mas de medio siglo por lo cual, como sucedió en muchos otros países, el liberalismo político se empeñaba en convertir a un México rural con rasgos muy marcados del feudalismo hacia un país mas industrial, bajo el nuevo sistema capitalista. 

La burguesía naciente y con mayor poder económico empezaba a desplazar a los terratenientes y latifundistas, el Estado Mexicano cumplía su función histórica de salvaguardar los “santos ideales” del liberalismo económico.La dictadura de Porfirio Díaz no hizo mas que sostener el régimen despótico de un Estado Gendarme, el cual su función principal era la protección de la propiedad privada de los medios producción en manos de la clase dominante a costa de la miseria, la esclavitud y la desgracia de millones de proletarios ya sean del campo o de la ciudad. “El Estado es la negación misma de  la humanidad”.  Pero en todo régimen despótico surge una oposición latente surgida de la tiranía política y económica. Ricardo Flores Magón con el Partido Liberal Mexicano (PLM) fueron los precursores de la revolución mexicana. Sin duda, este gran anarquista mexicano logró influenciar a las masas explotadas, como ya lo habían hecho anarquistas como Julio Chávez López décadas antes en los peones campesinos despojados de sus tierras y esclavizados por los hacendados, caciques y el abominable clero. Cabe mencionar que  las comunidades de indígenas campesinos fueron despojados de sus tierras gracias a la Ley Lerdo, que  si bien perjudicaba a la Iglesia; sin embargo beneficiaba a la reciente clase burguesa mexicana que compraba las propiedades expropiadas al clero. Así, llegados los numerosos levantamientos armados alrededor del país durante 1906, 1907, 1908 dirigidos por la junta organizadora del PLM y el levantamiento  en 1910 liderado por el burgués Francisco I. Madero tienen como antecedente varios siglos de despotismo, tiranía, violencia, despojo, esclavización, explotación y opresión que venia sufriendo el pueblo mexicano. Pero cabe destacar que no eran las primeras insurrecciones campesinas, sino que a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, se desarrollaron numerosos levantamientos campesinos, de los cuales, los mas significativos fueron los impulsados por Julio Chávez López fusilado por orden de Benito Juárez- revolucionario que le dio a las insurrecciones un significado revolucionario al identificar al enemigo de clase  y proponer una nueva sociedad bajo las primicias de igualdad y libertad o bien bajo el socialismo y libertad. 

LA REVOLUCION MEXICANA 

Para principios del siglo XX, México se desenvolvía en una desigualdad social extrema, en el que la gran mayoría de la población sobrevivía en la miseria, una buena parte de esta eran asalariados agrícolas y en menor medida  obreros en las pequeñas ciudades. Como contraparte parasitaba una ínfima minoría de privilegiados hacendados, capitalistas extranjeros y nacionales, altos mandos del ejercito, funcionarios y el clero  quienes ostentaban el poder económico,  sin embargo el poder político  estaba concentrado en una elite burocrática con Porfirio Díaz  a la cabeza quien gobernó durante mas de 30 años.   Esta burbuja de  explotación y opresión tenia que estallar y el pueblo se levantó contra los tiranos creyendo en crear sobre las ruinas de la dictadura una sociedad mas justa e igualitaria.Sin embargo, una revolución es también oportunidad para que arribistas se hagan pasar por amigos de los pobres en rebelión prometiendo justicia y vida digna para ellos. El burgués Francisco I.  Madero lo fue y años mas tarde Venustiano Carranza. Pero también hubo grupos sinceramente revolucionarios como la junta Organizadora del Partido Liberal Mexicana y  el campesino Movimiento Zapatista. Para entender correctamente el curso de la revolución mexicana es indispensable tener en cuenta las dos  principales opciones políticas que se presentaron para dar rumbo al descontento social que ya alcanzaba su máxima expresión. A entender, el demócrata burgués Francisco I. Madero con su postulado reformista de “Sufragio Efectivo, No Reelección” y antagónicamente el grupo revolucionario de La Junta Organizadora del PLM con “Tierra y Libertad” liderado por Ricardo Flores Magón. 

REVOLUCION POLÍTICA: LA OPCIÓN PARA
LA BURGUESÍA.
   Francisco I. Madero fue fundador y candidato opositor. Lo fue por parte del Partido Antirreeleccionista para las elecciones de 1910 en las cuales el dictador Porfirio Díaz se reelegiría una vez más. Representaban la oposición democrático-burguesa a la dictadura porfirista. Primeramente planteaban una transición pacifica por medio de la “contienda electoral”: “El Partido Antirreeleccionista desea que todos los ciudadanos concurran a los comicios, para que los funcionarios públicos electos deban sus puestos al pueblo que los nombró y no al favor de sus superiores. Además, por medio del sufragio, el pueblo hará uso de sus derechos, reconquistará todas sus libertades y será el único medio de asegurar el restablecimiento del régimen constitucional” 

 Obviamente la naturaleza de un sistema político tan opresivo como el de Porfirio Díaz reaccionó encarcelando a la oposición antes del día de los comicios debido a la popularidad alcanzada por esta ultima. Al caer Madero en la cárcel quedó claro que cualquier transformación incluso la más reformista al régimen dictatorial no se lograría sino es por medio de la violencia. Es así cuando  la oposición reformista burguesa decide tomar las armas para destronar a Díaz. Ya libre Madero lanza el Plan de San Luis del 5 de octubre de 1910 en el que desconoce las elecciones en las cuales se reelige el dictador: “… declaro ilegales las pasadas elecciones y quedando por tal motivo la República sin gobernantes legítimos, asumo provisionalmente la presidencia de la República, mientras el pueblo designa conforme a la ley sus gobernantes”Y en el punto 5 de su Plan decía: “Asumo el carácter de presidente provisional de los Estados Unidos Mexicanos con las facultades necesarias para hacer la guerra al gobierno usurpador del General Díaz” La transformación política que proponía Madero estaba basada en derechos políticos pertenecientes a una república democrática burguesa que no concordaban con las reales exigencias de un pueblo sumido en la miseria,  en 1909 el Programa del Partido Antirreeleccionista lo expresaba de esta forma:” …el Partido Antirreeleccionista se propone popularizar en nuestro país la práctica de elegir los candidatos por medio de convenciones electorales integradas por delegados, representantes legítimos del pueblo, y de los diversos partidos contendientes.” 

Una vez derrotada la dictadura y Madero obtuvo el poder político del Estado, surge la contradicción entre las premisas democratico-burguesas y las aspiraciones reales del pueblo explotado  que son consecuencia natural surgida de la lucha de clases. Y ¿cuales son las premisas democrático burguesas a las que me refiero? La dictadura porfirista canceló durante sus mas de 30 en el poder todos los derechos o libertades políticas referentes a una democracia burguesa. La libre manifestación, la libre expresión, la designación de los funcionarios estatales por medio del voto, entre otros; no existían mas que en el papel. Madero pertenecía a una burguesía nacional desplazada del poder político del Estado Mexicano. Tal poder  respaldaba principalmente a los capitales imperialistas y en menor medida al débil capital nacional. Por lo tanto,  esta burguesía nacional no lograba gran influencia en el Estado. Ahora, esto no quiere decir que Madero quisiera enfrentarse a las fuerzas imperialistas ni mucho menos a la norteamericana, pero tampoco se identificaba con las aspiraciones de los explotados, que para salir de su mísera condición necesitaba transformaciones económicas, no solo políticas. Sin embargo, recordemos  que el poder concentrado en manos de uno o varios individuos corrompe el espíritu hasta del mas ferviente revolucionario. Madero se volvió contra los que fueron su principal apoyo olvidando sus hipócritas “principios democráticos”. Al poco tiempo de tomar las riendas del Estado no dudó en aplicar las mismas políticas porfiristas dictatoriales que había combatido y el peso de las fuerzas represivas cayeron sobre los revolucionarios zapatistas que respaldaron el levantamiento de 1910.  Como consecuencia natural, a un año del levantamiento, el movimiento campesino zapatista desconoce la autoridad del burgués Francisco I. Madero y lanza el Plan de Ayala:“Teniendo en cuenta: que el llamado Jefe de la Revolución Libertadora de México, don Francisco I. Madero, por falta de entereza y debilidad suma, no llevó a feliz término la Revolución que gloriosamente inició con el apoyo de Dios y del pueblo, puesto que dejó en pie la mayoría de los poderes gubernativos y elementos corrompidos de opresión del Gobierno dictatorial de Porfirio Díaz,.. trata de eludirse del cumplimiento de las promesas que hizo a la Nación en el Plan de San Luis Potosí,…persiguiendo, encarcelando o matando a los elementos revolucionarios que le ayudaron a que ocupara el alto puesto de Presidente de la República, por medio de las falsas promesas y numerosas intrigas a la Nación” 

Y  más adelante en el mismo documento:“… ha tratado de ocultar con la fuerza bruta de las bayonetas y de ahogar en sangre a los pueblos que le piden, solicitan o exigen el cumplimiento de sus promesas en
la Revolución, llamándoles bandidos y rebeldes, condenándolos a una guerra de exterminio, sin conceder ni otorgar ninguna de las garantías que prescriben la razón, la justicia y la ley; … ha hecho del Sufragio Efectivo una sangrienta burla al pueblo, ya imponiendo contra la voluntad del mismo pueblo, en la Vicepresidencia d la República, al licenciado José María Pino Suárez, o ya a los gobernadores de los Estados, designados por él, como el llamado general Ambrosio Figueroa, verdugo y tirano del pueblo de Morelos; ya entrando en contubernio escandaloso con el partido científico, hacendados-feudales y caciques opresores, enemigos de
la Revolución proclamada por él, a fin de forjar nuevas cadenas y seguir el molde de una nueva dictadura más oprobiosa y más terrible que la de Porfirio Díaz….Se desconoce como Jefe de la Revolución al señor Francisco I. Madero y como Presidente de la República por las razones que antes se expresan, procurándose el derrocamiento de este funcionario.”
 Sin embargo, el movimiento zapatista tenia sus limitaciones, no logró comprender la naturaleza opresiva del Estado y de lo que el poder político significa,  el plan de Ayala  mencionaba mas adelante:” Una vez triunfante
la Revolución que llevamos a la vía de la realidad, una junta de los principales jefes revolucionarios de los diferentes Estados, nombrará o designará un Presidente interino de la República, que convocará a elecciones para la organización de los poderes federales”.
 

Todo poder político, no importa cual sea su origen tiende al despotismo como bien decía el anarquista ruso Miguel Bakunin:“El poder político implica dominio; pero donde existe el dominio inevitablemente una parte mas o menos grande de la sociedad es dominada, y aquellos que están dominados detestan naturalmente a los que les dominan; mientras que aquellos que dominan deben necesariamente reprimir, y en consecuencia, oprimir, a los que están sujetos a su potestad”  El que Madero se haya convertido en un tirano no es gratuito, el poder político corrompe el espíritu hasta del más ferviente demócrata, Bakunin le daba la siguiente explicación:“El motivo principal resulta, …al cambio de perspectiva y de posición; y es necesario no olvidar que las posiciones, y las necesidades que estas imponen, son siempre mas fuertes que el odio o la mala voluntad  de los individuos”. 

Esta falta de claridad del movimiento zapatista fue letal para sus aspiraciones. La repartición de tierras era una de las principales exigencias  en el Plan de Ayala:” En virtud de que la inmensa mayoría de los pueblos y ciudadanos mexicanos no son mas dueños que del terreno que pisan sin poder mejorar en nada su condición social ni poder dedicarse a la industria o a la agricultura, por estar monopolizadas en unas cuantas manos, las tierras, montes y aguas; por esta causa, se expropiarán previa indemnización, de la tercera parte de esos monopolios, a los poderosos propietarios de ellos a fin de que los pueblos y ciudadanos de México obtengan ejidos, colonias, fundos legales para pueblos o campos de sembradura o de labor y se mejore en todo y para todo la falta de prosperidad y bienestar de los mexicanos.” Si bien la repartición de tierras para los campesinos se llevó a cabo, fue en sí muy limitada. Los latifundios siguieron en pie y no fue sino hasta el gobierno de Lázaro Cárdenas que la reforma agraria se retomó. Sin embargo, el avance que se tuvo en esta materia durante el lapso de Cárdenas no duró mucho y años mas tarde sucedió una contrarreforma.  

De esta forma Madero, que encabezaba un programa político referente a un republica burguesa, se presenta como el representante de la clase dominante, ya sean burgueses, hacendados o funcionarios del Estado y por consecuencia  natural resulta enemigo de toda lucha real por la emancipación de los explotados y oprimidos. LA REVOLUCION SOCIAL COMO ÚNICO CAMINO PARA
LA EMANCIPACIÓN REAL DEL EXPLOTADO.
 

Ya en el año 1902, la idea anarquista germinaba en el pensamiento de Ricardo Flores Magón. Enrique Flores Magón escribía en 1925 lo siguiente:“Cuando en julio de 1902 Ricardo arrendó el periódico El hijo del Ahuizote que entre él y yo redactábamos, fuimos lectores apasionados de Faure, Malatesta, Grave, Kropotkin, Gorki y Proudhon, consiguiéndonos difícilmente sus obras, por ser sumamente escasas en México en aquel entonces”.Ese mismo año pero bajo el techo de una cárcel militar que Enrique y Ricardo Flores Magon conversaron por primera vez  sobre propagar los ideales anarquistas: “…en la prisión militar de Santiago Tlatelolco, donde fuimos hospedados por la tiranía reinante, fue cuando por primera vez hablamos seriamente Ricardo y yo sobre la conveniencia de propagar los ideales comunistas anárquicos que ya profesábamos, concluyendo por considerarlo inoportuno, dado el medio en que vivíamos, de una tiranía aplastante, que no nos permitiría ir muy lejos; y menos aún cuando en México había un prejuicio tremendo contra el anarquismo. Hasta el tibio socialismo de Estado sembraba espanto en el ánimo popular” Pero no fue sino hasta 1906 que encabezaron un proyecto revolucionario serio. Marcharon a Estados Unidos y allí Formaron
la Junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano para reagrupar y coordinar a los diferentes grupos opositores al régimen esparcidos por todo México; así lo describió Enrique:
“Nuestro primer paso debería de ser salir del país, marchándonos a Estados Unidos… Nuestros primeros trabajos deberían encaminarse al derrocamiento de la secular dictadura porfiriana; a cuyo efecto, reorganizaríamos el Partido Liberal Mexicano, estableciendo nosotros en aquél país la Junta Organizadora del mismo, para agrupar a todos los elementos antiporfiristas que ya habíamos reunido, y los que siguiésemos conquistando, bajo una misma bandera.Conocedores del medio en que vivíamos y de la psicología, tradiciones, prejuicios, atavismos, etc.,  del pueblo mexicano, y teniendo en cuenta el antagonismo, o mejor dicho, el miedo, del pueblo de entonces ante las ideas avanzadas, comprendimos desde luego lo imprudente que hubiera sido declarar nuestros postulados anarquistas; imprudencia que hubiera dado por resultado que quedásemos aislados y nuestra labor reducida prácticamente a nada. Por tal motivo, nuestro plan fue organizar el Partido Liberal Mexicano, fortalecerlo y después darle un programa cualquiera a seguir, como lo fue el de julio de 1906, que nos sirviera de pretexto para soliviantar en armas al pueblo mexicano en contra de Porfirio Díaz, para entonces, una vez en plena rebelión armada, cuando la conciencia de la propia fuerza convierte a los cobardes en audaces y las mentes conservadoras se espantan menos con las ideas avanzadas, presentarnos abiertamente como anarquistas, buscando orientar al movimiento armado hacia una finalidad libertaria, o al menos lo más avanzada posible, de manera que si nuestros esfuerzos no daban todo el fruto apetecido, sirvieran siquiera de base para futuras reivindicaciones” 

Si bien el  manifiesto de 1906 no es enteramente anarquista, si contiene fragmentos en el que se apunta hacia las instituciones dañinas a la sociedad, las mismas que mantienen en pie la explotación y la opresión del pueblo:“Sobre el pueblo mexicano pesan todas las opresiones y todas las miserias. El gobierno y el clero lo oprimen y lo embrutecen para robarlo. El capitalista se aprovecha de las condiciones en que la tiranía ha puesto al pueblo, y lo roba también” El principal llamado del Partido Liberal fue el derrocamiento de Porfirio Díaz, para dar paso a sustanciales reformas al Estado. Esto dio parte para que buena parte de los opositores a la dictadura se sintieran identificados con el programa del manifiesto de 1906. Este logró formar un amplio abanico, desde medianos hacendados desplazados por el  poder político hasta obreros, sin embargo no lograba la identificación de lo que constituía la principal fuerza revolucionaria de entonces: El campesino explotado. A pesar de esta limitación, el Partido Liberal ganó gran influencia en una parte del sector obrero, las heroicas huelgas como la de Río Blanco y Cananea tuvieron militancia magonista.  

Hubo pequeños levantamientos fallidos durante 1906,1908 y 1910 que desde Estados Unidos, propició la Junta organizadora del PLM. Los primeros dos fueron derrotados durante la dictadura, la ultima bajo el gobierno del “demócrata” Francisco I. Madero.Pero no fue sino hasta el manifiesto del 23 de septiembre de 1911, que los ideales anarquistas salen a relucir aunque no abiertamente, el contenido era notoriamente libertario, solo basta citar un párrafo de el:“El Partido Liberal Mexicano reconoce que la autoridad y el clero son el sostén de la iniquidad capital, y, por lo tanto, la junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano ha declarado solemnemente guerra a la autoridad, guerra al capital, guerra al clero”.  La solución para terminar de una vez y por todas la desigualdad social económica y política es indispensable la abolición de la propiedad privada, origen de toda esclavitud; esto lo comprendía perfectamente esta organización revolucionaria y en el manifiesto lo plasmaban de esta forma:“Mexicano: La junta Organizadora del Partido Liberal Mexicano ve con simpatía vuestros esfuerzos para poner en práctica los altos ideales de emancipación política, económica y social, cuyo imperio sobre la tierra pondrá fin a esa ya bastante larga contienda del hombre contra el hombre., que tiene su origen en la desigualdad de fortunas que nace del principio de la propiedad privada”.  El Estado como pilar de la servidumbre política y económica también debe ser extirpado de la organización de la nueva sociedad. Ricardo Flores Magón y sus compañeros Revolucionarios tenían claro esta premisa: “Sin el principio de la propiedad privada no tiene razón de ser el gobierno, necesario tan sólo para tener a raya a los desheredados en sus querellas o en sus rebeldías contra los detentadores de la riqueza social”   

La riqueza social debía ser expropiada directamente por los trabajadores, a la vez debía ser colectivizada para el bien común y enseguida autogestionada:“La expropiación tiene que ser llevada a cabo a sangre y fuego durante este grandioso movimiento…  no hay que esperar nada bueno de los Gobiernos y …”La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos”.“… no hay que limitarse a tomar tan sólo posesión de la tierra y de los implementos de agricultura: hay que tomar resueltamente posesión de todas las industrias por los trabajadores de las mismas, consiguiéndose de esa manera que las tierras, las minas, las fábricas, los talleres, las fundiciones, los carros, los ferrocarriles, los barcos, los almacenes de todo género y las casas queden en poder de todos y cada uno de los habitantes de México, sin distinción de sexo”.  El principio comunista libertario lucía abiertamente en el manifiesto:“Todo lo que se produzca será enviado al almacén general en la comunidad del que todos tendrán derecho a tomar todo lo que necesiten según sus necesidades, sin otro requisito que mostrar una contra seña que demuestre que está trabajando en tal o cual industria” 

Pero también era de primordial importancia para la Junta dejar en claro las diferencias cualitativas entre  su programa revolucionario y el de los antirreeleccionistas; en una circular dirigida a sus adherentes eliminaba cualquier confusión:“El Partido Liberal quiere libertad política, libertad económica por medio de la entrega al pueblo de las tierras que detentan los grandes terratenientes, el alza de los salarios y la disminución de las horas de trabajo; obstrucción a la influencia del clero en el gobierno y en el hogar. El Partido Antirreeleccionista sólo quiere libertad política, dejando que los acaparadores de tierras conserven sus vastas propiedades, que los trabajadores sigan siendo las mismas bestias de carga y que los frailes continúen embruteciendo a las masas … El Partido Antirreeleccionista que es el de Madero, es el partido conservador … Muchos liberales, engañados por los maderistas, han engrosado las filas de Madero, de quien se asegura que está de acuerdo con nosotros. Nada hay más inexacto que eso. Por cuestión de principios, el Partido Liberal no puede estar de acuerdo con el maderismo” Fue en un discurso en el año de 1917 que Ricardo Flores Magón sintetizaba el programa negativo-destructivo del manifiesto:“Los sólidos principios antiautoritarios, anticapitalistas y antirreligiosos que forman la espina dorsal de esta tendencia revolucionaria quedaron claramente expuestos en el Manifiesto del 23 de septiembre de 1911, disipándose así las dudas, evitándose de esta suerte las confusiones”.Es entonces que, a partir de 1911 el Partido Liberal presenta un programa político  que claramente apuntaba hacia la emancipación de todos los oprimidos bajo las premisas del socialismo libertario.  

CONCLUSIONES 

El movimiento zapatista tenía sus limitaciones, al no poder comprender la base de la injusticia social, su mayor error fue subordinarse a la política de sus enemigos de clase como lo fue Madero. Su confianza en personajes con ambición de poder y contrarrevolucionarios, los llevo a la derrota.  Como decía la Asociación Internacional de Trabajadores: La emancipación de los trabajadores, será obra de ellos mismos. Entendiendo que los campesinos zapatistas no debieron esperar a las reformas y a coronar otro nuevo tirano sino que debieron distribuir las tierras ellos mismo al máximo alcance e instaurar sus autogobiernos federados. La abolición de la propiedad privada por ellos mismos, no esperar a que sus enemigos de clase los emancipara.La causa de la derrota de la revolución Mexicana como gran cambio social emancipador de las masas expoliadas fue la carencia de un programa revolucionario reconocido por la mayoría los explotados y oprimidos de México, tanto los obreros como los campesinos pobres. La falta de visión de clase, es decir, identificar a los enemigos de clase, y al sistema económico de dominación; la revolución terminó usurpada por hacendados, empresarios y altos mandos del ejercito, en fin por grupos de caudillos que en lo que menos pensaban eran en la construcción de una sociedad igualitaria que minara la injusticia social en México. 

El único grupo que realmente tenia esa visión era la Junta Organizadora del PLM, pero que debido a sus persecuciones y encarcelamientos además del alejamiento en que se encontraban, no pudo reincidir significativamente en la revolución, sobre todo entre los campesinos zapatistas, ya ni se diga con los villistas. Lo que marcó como fin definitivo de una revolución emancipadora, fue la alianza de los trabajadores anarcosindicalistas de la Casa del Obrero Mundial al tirano constitucionalista de Venustiano Carranza, que tiempo después prohibiría la huelga y condenaría al fusilamiento a todo aquel explotado rebelde que usara la huelga como herramienta de lucha. Esto marcó el fin dela revolución porque eliminaba toda unión o alianza del campesinado pobre con los obreros de las ciudades, de este modo luchaban los obreros cegados por la retórica de Carranza y falta de visión de clase, peleaban contra sus hermanos de cadenas: los zapatistas. El encarcelamiento y el alejamiento de los jefes anarquistas del PLM y el asesinato cobarde en una emboscada de Emiliano Zapata ordenada por Carranza;  marcaron el inicio de un gobierno usurpador de las ideas revolucionarias que levantaron al pueblo oprimido.De este modo, se instaura sobre la sangre de millones de revolucionarios, un gobierno, una constitución que mantiene la base de la injusticia social, la llamada revolución institucionalizada, como bien diríamos: “se llevó a cabo la ceremonia de  la sepultura de la revolución mexicana”. 

La constitución promulgada en 1917 es el acto jurídico de fortalecimiento que necesitaban la clase dominante para conservar la esclavitud política y económica de las clases expoliadas. En ella se conservan la propiedad privada y la figura del Estado; es decir la explotación económica y el servilismo político.  De este modo, la revolución mexicana causada por la profunda desigualdad económica y por la tiranía política de la dictadura porfirista, terminó con la imposición de una nueva  casta social en el poder político del Estado fortalecida por una constitución y respaldada por las clases privilegiadas.Las exigencias de las masas expoliadas arrastradas a la revolución no fueron cumplidas, la servidumbre política y la explotación económica quedaron en pie. 

Este hecho es la causa que en el actual momento histórico contemporáneo, la gran mayoría del pueblo de México siga sufriendo de las causas que empujaron a sus antepasados a la insurrección: el hambre y la tiranía política.   Por eso es necesario voltear atrás a esculcar en la historia; allí están los errores y los aciertos del pueblo de México en su búsqueda por la emancipación, a los anarquistas revolucionarios nos queda analizarlos y comprenderlos para que en un futuro no muy lejano nos sirvan en nuestra búsqueda por la libertad, no es de mas recordar aquella frase tan verdadera y tan sabia: “el pueblo que no conoce su historia; tiende a repetirla” no olvidemos que somos la memoria histórica del proletariado.  Ricardo Flores Magón, Librado Rivera, Práxedis Guerrero y todos los demás fervientes revolucionarios que dieron la vida por la emancipación del oprimido vivirán por siempre en el corazón de los socialistas revolucionarios. 

Fuentes para Consultar:

Guerin Daniel, El anarquismo, Argentina,2003Bakunin,
Miguel, La revolución Social en Francia, Vol. 1, Ediciones Jucar, España., 1980.
 
Flores Magón, La Revolución Mexicana, Editores Mexicanos Unidos, México, 1982
Madero, Francisco, Plan de San Luis Potosí, 1910. 
Flores Magón, Ricardo Artículos Políticos 1910
Flores Magón, Ricardo, Artículos Políticos 1911 
Flores Magón, Ricardo, Artículos Políticos 1912
Flores Magón, Ricardo, Discursos 
Zapata, Emiliano, manifiestos
Hernández Padilla, Salvador, Ricardo Flores Magón, una vida en rebeldía. 
Esteves, José y Gil, Ramón, Casa del Obrero Mundial

 

130 años de Vigencia del Pensamiento Bakunianista.

marzo 18, 2007

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  (El siguiente trabajo ha sido realizado por el Centro de Estudios “Miguel Bakunin”, con sede en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, como colaboración de fraternidad internacionalista con la revista de teória y análisis “Estrategia” de la Alianza de los Comunistas Libertarios de México, y en conmemoración del 130 aniversario de la muerte del fundador del Anarquismo Anti-capitalista y Revolucionario, Mijaíl Alexándrovich Bakunin).Resumido Esbozo Biográfico

Se acaban de cumplir 130 años de la muerte de nuestro mayor referente, Mijail Bakunin. Nacido en mayo de 1814 en Rusia, desertor del ejército a causa de sus convicciones políticas, traductor de Fichte y Hegel entre otros, uno de los más grandes revolucionarios de su siglo.
Fue un hegeliano de izquierda en su juventud, en 1844 conoce a Marx y a Proudhon en París y es esta etapa la de su transformación del idealismo hegeliano al materialismo dialéctico (al año siguiente escribe a su hermano “he roto completamente con la metafísica y me entrego al mundo práctico de la vida real”).

En 1849 es condenado a muerte por su protagonismo en la insurrección de Dresde, deportado a Rusia, encerrado en la fortaleza de Pedro y Pablo y luego deportado a Siberia, de donde escapa en 1861 y dando la vuelta al mundo logra volver a Europa. Durante todo este período su salud empeora considerablemente, pero a pesar de esto desarrolla una incansable actividad revolucionaria que lo lleva a construir desde Italia -en 1865- la Fraternidad Internacional Revolucionaria, forjada al calor de las luchas contra el patriotismo Mazziniano en Italia, con una clara finalidad socialista y revolucionaria que se expresa en párrafos de su programa, como el siguiente: “… esta revolución, cuyo fin único y supremo es la emancipación real, política económica y social del pueblo (…) sólo podrá hacerse en último término por el pueblo” “… la revolución social necesariamente se convertirá en una revolución europea y mundial.”
Luego, según nos dice Max Nettlau -biografo de Bakunin, Obras Vol III, Júcar- en enero de 1924: “el congreso fundador de la Liga de la Paz y de la Libertad, le dio una ocasión para volver a la vida política europea. No creía de ningún modo en los burgueses republicanos reunidos en gran congreso, pero teína gran interés en extender sus relaciones íntimas, disimuladas en la forma nominal de sociedad secreta (…) entre los jóvenes, inspirados por el socialismo y el ateísmo… Se critica a menudo el hecho de que no entrase directamente en la Internacional. Había oído hablar de la Internacional (…) por parte de Marx mismo -pero- sabiéndose separado de Marx por una diversidad de opinión sobre autoridad y libertad absolutas (…) no se apresuró a entrar en ese medio en que sentía una fuerza enemiga poderosa. Pero cuando después de un corto tiempo, nueve meses, le pareció llegada la hora de entrar en la Internacional, lo hizo y se entregó a ella en cuerpo y alma (en julio de 1868)” pero no sin antes haber formado, durante las sucesivas luchas ideológicas contra el carácter burgués y reformista de la Liga de la Paz y de la Libertad, la Alianza de la Democracia Socialista.
Agrupación secreta y revolucionaria, la Alianza, tuvo sin duda, como ariete programático contra el centrismo marxista y para penetrar en la AIT, la reivindicación de la Revolución Social y sus métodos, en oposición a la teoría de la Revolución política. En su programa, se sostiene que: “rehusando absolutamente toda alianza reaccionaria, rechaza también toda acción política que no tuviera por fin inmediato y directo el triunfo de la causa de los trabajadores contra el capital.”

Esta incansable actividad se desarrollo, al mismo tiempo, al calor de su activa participación y la de sus círculos de influencia, en los preparativos clandestinos para la insurrección polaca, en la Comuna de París, en la insurrección española del `73 y en la insurrección italiana del ’74, además de con el mantenimiento de una dilatada correspondencia con las principales figuras del socialismo de la época.

Participa activamente de la Primera Internacional desde 1868 hasta su escisión en 1872. Dicha ruptura es provocada por la intensa y sistemática política de intrigas y calumnias por parte del grupo de Marx hacia la figura de Bakunin y hacia sus seguidores (tal como fue admitido más tarde por el marxista Bernstein), que resultó en la expulsión de Bakunin y Guillaume de la Organización, lo que no fue nefasto solamente para Bakunin como individuo y militante, sino que contribuyó grandemente a debilitar al movimiento obrero internacional, definiendo la ruptura de la AIT.

Estas intrigas fueron el funesto resultado de la política sectaria del marxismo que, tras 4 congresos (Ginebra, Lausana, Bruselas y Basilea) de fracasos y francas derrotas en su pretensión de ponerle a la Internacional la estampa de organización política, lanzo un golpe palaciego descrito de esta forma por Bakunin: “A partir de septiembre de 1869 el Consejo General -o mejor, Marx, quos ego de ese pobre consejo-, saliendo de la obligada y saludable somnolencia respecto de la internacional, emprendió una política militante (…) Fue un torrente de injurias innobles y de calumnias odiosas proferidas contra todos aquellos que se habían atrevido a combatirle (…) Vino a continuación la conferencia de Londres (Septiembre de 1871) que, preparada por Marx con su larga mano, votó todo lo que él quiso (…) Al haber sido puesto en cuestión la legitimidad de esta Conferencia, Marx, prestidigitador político muy hábil (…) organizó su Congreso de La Haya. Apenas dos meses han pasado desde ese Congreso y en toda Europa (…) en todas las Federaciones libres, belga, holandesa, inglesa, americana, francesa, española, italiana, sin olvidar nuestra excelente Federación del Jura, no hay más que un grito de indignación y desprecio contra esa cínica comedia a la que se osa disfrazar con el nombre de Congreso de la Internacional. Gracias a una mayoría ficticia.” (Escrito Contra Marx, Bakunin, Diciembre 1872)

Reproduciremos, para dar una mayor certeza al lector sobre las repercusiones del Congreso de la Haya, la elocuente e indignada protesta de la sección española de la Internacional:
“Aprovechamos esta ocasión para protestar enérgicamente, tal como ya hicimos en el Congreso de La Haya, no solamente contra las conclusiones inquisitoriales de una comisión que, cobardemente, jesuíticamente, en un fallo lleno de contradicciones impúdicas, lanza la difamación contra compañeros honorables, inteligentes, conocidos por el mundo obrero como devotos de la causa y que hoy apreciamos más que nunca, sino también contra el derecho ridículo que se ha arrogado esta misma comisión de proponer a esta mayoría preparada por adelantado, su expulsión de la internacional.
Habíamos aceptado esta comisión porque nunca pudimos sospechar que en el seno de la Internacional hubiera adversarios que fueran capaces de rebajarse hasta la deshonestidad, y porque, habiendo conservado un resto de confianza en la lealtad de los partidarios de la dictadura en la Internacional, no podíamos esperar semejante engaño. Pero ahora debemos protestar, frente al mundo entero, contra las miserables intrigas que nuestros pretendientes al poder emplean contra los que se oponen a su dominio.
(Delegados de la Federación Regional española a `La Liberté´, 18/09/1872)

En 1875, enfermo, en medio de de la reacción generalizada que se impone tras la derrota de la Comuna de París, el fracaso de las insurrecciones de Praga (actual República Checa), España, el levantamiento frustrado de Bolonia (Italia) y el recrudecimiento del militarismo en Alemania y Francia, escribe a Reclus “La Revolución se ha metido, de momento, en cama”.

En 1874 Bakunin se retira a Lugano, acabado por el asma y la artritis, que no le permitían dormir a no ser que fuera sentado. El 1º de julio de 1876 muere en Berna, Suiza, dejando un legado que mantiene extraordinaria vigencia aún luego de 130 años.

Nuestra Defensa del Pensamiento Bakunianista

El presente trabajo es un resumen, adaptado a las limitaciones materiales que se imponen en todo trabajo impreso -que sólo cuenta con el apoyo y respaldo de quienes militamos en la trinchera de la Revolución- del folleto que nos hemos dispuesto editar los Compañeros del CEM Bakunin como homenaje a la vida y obra del Gran Revolucionario Internacionalista “Miguel Bakunin”.

Agradecemos el apoyo y la invitación a redactarlo que nos han dispensado nuestros hermanos de trinchera de la Alianza Comunista Libertaria de México, y aclaramos que no es nuestro objetivo lanzar al mundo una nueva biografía mistificante de la gran contribución del compañero aquí homenajeado, a la organización y orientación finalista del sujeto obrero. Nos proponemos defender al Bakunianismo de la única manera que nos parece correcta y posible, contrastándolo a la luz de las experiencias histórica con las demás tendencias que se adjudican o militan por la elaboración del programa obrero revolucionario.

Entre la amplia gama de temáticas, a veces un tanto desorganizadas y amplias, que ha abordado el compañero Bakunin, trataremos concisamente las referentes a su método filosófico, la Organización de Masas y la Revolucionaria y la Estrategia Obrera, que son sólo algunas -presentadas resumidamente- de las encaradas en el folleto completo…
Pues bien, para iniciar esta tarea podríamos comenzar diciendo que la historia es dialéctica porque avanza a fuerza de negaciones, todo momento histórico necesita quebrarse para dar paso a uno nuevo, superador del anterior. Esto aplicado desde una visión materialista de la historia lo entendemos como una forma de comprender críticamente la realidad social partiendo del estudio de las relaciones materiales que rigen las relaciones humanas.

Bakunin desarrolla sobre las bases de este método, denominado dialéctica materialista o materialismo histórico, su comprensión del mundo como una dinámica realidad material y en permanente desarrollo. Así es que nos dice que: “En cuanto materialistas y deterministas como el propio Marx, reconocemos el encadenamiento de los hechos económicos y políticos de la historia. Reconocemos la necesidad, el carácter inevitable de los hechos que suceden, pero no nos inclinamos indiferentes ante ellos, y sobre todo nos guardamos de alabarlos y admirarlos cuando, por su naturaleza, se muestran en oposición flagrante con el fin supremo de la historia, con el ideal hondamente humano que se encuentra, bajo formas más o menos manifiestas, en los instintos, en las aspiraciones populares y bajo los símbolos religiosos de todas las épocas, porque es inherente a la raza humana, la mas sociable de todas las razas animales de la tierra. Este fin, este ideal, hoy mejor perfilado que nunca, puede resumirse en estas palabras: es el triunfo de la humanidad (…)”

Por esto nos encontramos en total oposición con quienes parten del estudio de la historia a través del desarrollo de las ideas, Bakunin afirma en Dios y el Estado que: “Sin duda alguna los idealistas se engañan y solo los materialistas tienen razón. Sí, los hechos están antes que las ideas; el ideal, como dijo Proudhon, no es más que una flor de la cual son raíces las condiciones materiales de existencia. Toda la historia intelectual y moral, política y social de la humanidad es un reflejo de su historia económica”. No puede haber una real emancipación sin un cambio dramático de las formas de producción. Lo económico determina lo político.
“La solidaridad social es la primera ley humana, la libertad es la segunda. Ambas leyes se interpenetran y siendo inseparables, constituyen la esencia de la humanidad. En consecuencia, la libertad no es la negación de la solidaridad; al contrario, representa el desarrollo y, por así decirlo, la humanización de esta última (…) “(…) puesto que la libertad es el resultado y la expresión más clara de la solidaridad -es decir de la reciprocidad de intereses-, solo puede ser realizada en condiciones de igualdad. La igualdad económica y social. Y la justicia es precisamente la realización de la libertad a través de dicha igualdad” (El programa de la Alianza para la Revolución Internacional)

Según los bakunianistas, la conciencia individual no puede sustraerse del medio social en que se desarrolla. Según esta perspectiva, los anarquistas son el resultado negativo de la explotación capitalista en particular. Somos, ante todo, anticapitalistas y el anarquismo revolucionario es la plataforma doctrinaria según la cual criticamos y combatimos la sociedad burguesa, aspirando a un cambio social revolucionario, aún más o menos incierto en sus resultados, que acabe con la organización social histórica de las clases.
“(…) para hacer morales a los hombres, es necesario hacer moral su medio social(…) La desigualdad de condiciones y derechos, y la falta de libertad resultante para todos los individuos, es la gran inequidad que justifica todas las inequidades individuales. Suprímase esta fuente de inequidades, y todas las demás se desvanecerán junto a ella(…)”
(Educación Integral Vol. V, Ed. Francesa)

Las raíces sociales de nuestro programa están en la forma y contenido que le da un cierto sujeto histórico que, partiendo de sus condiciones materiales, tiene la capacidad colectiva de acabar con la Clase Burguesa. Nos referimos al sujeto obrero, que encierra en sí las bases y principios de nuestro programa revolucionario y finalidad.

Bakunin siempre defendió la existencia de una contradicción entre las luchas gremiales de la clase trabajadora y sus tendencias políticas/revolucionarias. Solo coincidiendo abiertamente estas en la marcha de la lucha de clases y como premisa de la revolución social. Pero nunca en el período preparatorio, en los que los revolucionarios deberán evitar embarrar el camino de la cohesión económica/gremial (reformista) de la clase trabajadora con debates finalistas. La organización revolucionaria debe interactuar con el movimiento obrero buscando orientarlo lo más correctamente por la vía de su unidad. Primero, y detrás de las banderas de la revolución social, después, previniéndolo del reformismo (pues una cosa es quemar las etapas reformistas en la constitución del movimiento y otra es hacer profesión de fe en el reformismo como salida finalista o solución).

Bakunin prestándole atención a las condiciones especificas y reales de las masas y siendo militante de la primera internacional planteaba: “ha habido una razón más para eliminar de entrada en el programa de la internacional, no como objeto de discusión y de estudio, sino en tanto como obligatoria, a toda tendencia política. Hasta ahora, desde el comienzo de la historia, no ha existido una política del pueblo(…) Solo ha habido la política de las clases privilegiadas; estas clases se sirvieron de la fuerza muscular del pueblo para destronarse mutuamente y para ponerse una en lugar de la otra ¿Qué tuvo que hacer la internacional? Primero, tuvo que apartar a las masas obreras de toda política burguesa, eliminar de su programa todos los programas políticos burgueses(…) La internacional tuvo, pues, que comenzar por despejar el terreno, desde el punto de vista de la emancipación del trabajo(…) Los fundadores de la AIT asignaron primero, como único fundamento, la lucha exclusivamente económica del trabajo contra el capital, por cuanto tenían la certeza de que, desde el momento en que el obrero pone los pies en ese terreno(…) se vera necesariamente conducido, pro las fuerzas misma de las cosas y por el desarrollo de esa lucha, a reconocer pronto todos los principios políticos, sociales y filosóficos de la internacional(…)”
(Política de la Internacional)

La Organización Revolucionaria, según la concepción anarquista revolucionaria de Bakunin debe ser dinámica, crítica y autocrítica. Debe fundamentarse sobre los principios de la democracia obrera, según la cuál se establecen “las leyes” y programa que rigen su actividad. La Organización lo es todo, el individuo no es más que el resto y debe hallar en ésta el espacio para sus convicciones individuales.
Se debe lograr la construcción de una herramienta colectiva y revolucionaria en la cuál el disenso y la finalidad revolucionaria sean los pilares democráticos donde se fundan los esfuerzos individuales y socialistas.

Así declaraba en el Programa para la Fraternidad Internacional Revolucionaria: “… una asociación cuyo fin sea revolucionario debe necesariamente constituirse como sociedad secreta, y toda sociedad secreta, dado el interés de la causa a la que sirve y la eficacia de su acción, así como la seguridad de cada uno de sus miembros, debe estar sometida a una fuerte disciplina, lo cual, por otra parte no es más que el resumen y el puro resultado del compromiso que todos los miembros han establecido los unos en relación con los otros.”
“…Los revolucionarios serios de todos los países organizados en asociación al mismo tiempo pública y secreta, (deben unirse) con el doble objetivo de ampliar el campo revolucionario, y de preparar al mismo tiempo un movimiento idéntico y simultáneo en todos los países donde el movimiento sea en un primer momento posible….”
“Creemos que no es necesario demostrar que la emancipación económica de los trabajadores es imposible bajo la organización política, jurídica, religiosa y social dominante en la actualidad en la mayoría de los países civilizados, y que por consiguiente para llevar esta tarea a completo término será necesario destruir todas las instituciones existentes (…,) que no son sino fortalezas erigidas por las clases privilegiadas contra el proletariado. Y no es posible destruirlas en un país, deben ser destruidas en todos los países. Desde la formación de los estados modernos (…) ha existido una creciente solidaridad entre esas instituciones- por encima de las fronteras nacionales- y una poderosa alianza internacional”.

Consideramos que lo esencial de lo expuesto es el carácter imprescindible de la lucha de Clases bajo el sistema Capital/Imperialista, que ésta se desarrolla “principalmente”, por el cauce de la organización económica de la sociedad, que es la base de todas las demás expresiones sociales. Se sobre entiende, entonces, que para los Bakunianistas la lucha principal es la económica y las demás, lejos de ser sus paralelas o revestir la misma importancia deben subordinarse a esta si aspiran lograr una finalidad revolucionaria… de otra forma están condenadas al eterno reformismo y se vuelven funcionales al sistema explotador.
Los anarquistas revolucionarios sostenemos que el grillete económico impuesto por la lucha de Clases y la Burguesía a los explotados actúa como frontera para el desarrollo de todas las luchas mínimas que éstos deben dar. El Capitalismo no se encuentra solamente expresado en la anatomía de la Clase Capitalista sino que se ha enterrado hasta la médula de todas las demás Clases que lo componen y aún derrotada la Burguesía, sus males (sus efectos sociales sobre la humanidad) deberán seguir siendo atacados hasta ser acabados por la nueva organización social comunista: … ¡Solo entonces habremos acabado con el Capitalismo! De abajo hacia arriba, por el concurso de la libre federación y planificación democrática y social de la economía.

Finalizando este esbozo de la doctrina Bakunianista, transcribiremos algunas citas concernientes al método o táctica en la estrategia revolucionaria de nuestra tendencia. Como el lector podrá observar, éstas suponen todo lo antes leído (materialismo histórico, dialéctica, lucha de Clases, etc.) pero incluyen también conceptos clave como el de la “anarquía económica capitalista”, transformación de la lucha reformista en revolucionaria o la premisa dialéctica de la transformación de la cantidad en calidad (una forma de la ley de la negación de negación). Leamos:
“Las huelgas siguen extendiéndose en la medida de nuestro avance. ¿Qué significa esto? Significa que la lucha entre el trabajo y el capital se acentúa cada vez más, que la anarquía económica crece cada día, y que caminamos con pasos de gigante hacia el punto final inevitable de esta anarquía, hacia la revolución social (…) Por lo tanto, se puede esperar que el nuevo orden social emergerá más bien del exceso mismo de la anarquía actual.”
(La Organización y la Huelga General)
“Sí, las huelgas tienen un enorme valor; crean, organizan y forman un ejército de trabajadores, un ejército destinado a romper el poder de la burguesía y el Estado y a asentar las bases para un nuevo mundo”.
(Alianza Revolucionaria Mundial de la Democracia Social)

130 años han pasado desde que el Gran Revolucionario Internacionalista aquí homenajeado, dejo de integrar la trinchera obrera y revolucionaria legándonos un vasto trabajo ideológico, pero vemos que a nuestro lado nuevamente la Revolución está despertando, florecen las insurrecciones populares y se nos presenta ya no la voluntad sino la imperiosa necesidad de que el pensamiento de Bakunin no se pierda, que sus textos se vuelvan a debatir dentro del campo libertario y antiautoritario. Este texto no es la apología fanática de la figura de Mijail Bakunin (su pensamiento no está exento de envejecimiento) sino que aspira a reivindicar la parte de éste que mantiene todo su vigor: su esencia anticapitalista.

Darle nuevos bríos a la luz de nuestra experiencia actual, pues el capitalismo y las relaciones sociales de producción que lo sostienen y que el compañero denunció a través de su doctrina siguen en pie… ¡Esa es la tarea de los Anarquistas Revolucionarios!.

Este es nuestro aporte al debate sobre un período que se abre delante nuestro, una etapa de fortalecimiento de nuestra práctica y nuestra teoría revolucionarias. Por el Internacionalismo y la Revolución Social: ¡Viva el Anarquismo Revolucionario! ¡Arriba la Clase Trabajadora!

Centro de Estudios “Miguel Bakunin”

El principio de autoridad y las contradicciones del marxismo “antiestatista”

marzo 3, 2007

Breve introducción.

En noviembre del 2004 publicamos en la Alianza de los Comunistas Libertarios (ACL) un volante titulado «El Anarquismo Revolucionario y los Partidos Políticos» [1] con motivo de una conferencia acerca de “la necesidad del partido obrero” impartida por un grupo leninista. En agosto del 2005 apareció un texto titulado «Contra todos los partidos, por la autoemancipació n de la clase»[2] del Círculo Internacional de Comunistas Antibolcheviques (CICA) que es una critica a nuestro volante sobre los partidos.

La crítica que nos lanza el CICA inicia de la siguiente forma:
“Ya decía Engels, en su controvertido -para los anarquistas- texto «Sobre la autoridad» de 1873, que no se resuelve nada con cambiar las cosas de nombre. Y esta misma crítica se verifica con creces en el caso de la ACL.”

Basta con terminar de leer este primer párrafo y conocer la fuente citada, para darnos cuenta que el CICA hoy, al igual que Engels ayer, no entendieron un pizca de los postulados anarquistas revolucionarios; y que por ende, toda su critica esta basada en una incomprensión, honesta o deshonesta, de los principios anarquistas y nunca de los principios mismos.

En el siguiente trabajo, abordaremos, por cuestiones de espacio y tiempo, solo la cuestión de los fundamentos teóricos (en específico del principio de autoridad) que determinan nuestra praxis y no la cuestión practica-organizati va del partido (que será abordada a su debido tiempo). Clarificar nuestra visión materialista e histórica del principio de autoridad es el prefacio inmanente a nuestra respuesta sobre el partido, pues como veremos no existe una critica real hacia los principio anarquistas revolucionarios, sino a la incomprensión de los mismos.

I.- Definiendo Autoridad.

Resulta bastante contradictorio que la izquierda marxista que busca desesperadamente liberarse de su oscuro pasado autoritario, inicie un documento crítico a un grupo libertario con una cita de uno de los documentos más rancios, autoritarios y liquidados del marxismo, como lo es «Sobre la autoridad» de Engels.

Cabe aclarar que Engels escribió el –no controvertido, sino simplemente ridículo- texto titulado “sobre la autoridad” en 1873, fecha en la que los principios anarquistas revolucionarios se encontraban ya estructurados casi en su totalidad. Quien conozca el documento sabrá que en él, Engels trata de demostrar que el principio de autoridad es absoluto e imprescindible y que todo intento de eliminarlo no es otra cosa que tiempo perdido e incluso concluye, como veremos más adelante, que el principio de autoridad No siempre es “malo”. Nosotros Anarquistas Revolucionarios por el contrario vemos que el principio de autoridad no es absoluto ni inherente al ser humano (este es solo producto de la lógica estatista/clasista) y estamos absolutamente convencidos que resulta totalmente nocivo y que por ende debe ser radicalmente combatido.

Engels desarrolló su texto como crítica a los antiautoritarios, pero de forma muy astuta llevó su debate en contra de “algunos socialistas” y no de manera directa contra los bakuninistas o contra Bakunin mismo ¿Por qué es importante mencionar esto? Porque como veremos a lo largo del texto, el llevar acabo el debate contra un adversario abstracto (“algunos socialistas”) da la ventajosa oportunidad de tergiversar o simplemente ignorar, las posiciones teóricas que si se encontraban fundamentadas del adversario concreto, es decir, de los bakuninistas (colectivistas) . En este trabajo despojaremos a Engels de dicha ventaja y lo confrontaremos directamente contra Bakunin, buscando de esta forma despejar las concepciones erróneas que se tienen sobre el principio de autoridad, tanto desde la trinchera autoritaria (marxistas clásicos, leninistas, trotskistas y compañía) como de la trinchera “antiautoritaria” y “antiestatista” del marxismo (el consejismo).

Veamos pues los argumentos de Engels en contra de los antiautoritarios.

“Algunos socialistas han emprendido últimamente una verdadera cruzada contra lo que ellos llaman principio de autoridad. Basta con que se les diga que este o el otro acto es autoritario para que lo condenen.(…) Autoridad, en el sentido de que se trata, quiere decir: imposición de la voluntad de otro a la nuestra; autoridad supone, por otra parte, subordinación. Ahora bien; por muy mal que suenen estas dos palabras y por muy desagradable que sea para la parte subordinada la relación que representan, la cuestión está en saber si hay medio de prescindir de ella, si -dadas las condiciones actuales de la sociedad- podemos crear otro régimen social en el que esta autoridad no tenga ya objeto y en el que, por consiguiente, deba desaparecer.”
Engels; Sobre la autoridad.

¿Qué es la autoridad? Según la propia definición de Engels, la autoridad es la “imposición de la voluntad de otro sobre la nuestra”, (o viceversa) Tomando esta definición, con la cual, dicho sea de paso, concordamos, concluimos que la autoridad es entendida siempre como un supuesto inherentemente humano. Por ende cuando hablamos de autoridad, hablamos únicamente de la imposición del hombre sobre el hombre.

La autoridad supone subordinación, sumisión. Y subordinación y sumisión suponen la necesidad de obedecer sin opinar, sin conocer el fin o sin estar de acuerdo con el mismo, so pena de recibir el castigo por romper la escala jerárquica. Es decir, la autoridad siempre necesita de la legitimación ya sea divina o jurídica.

He aquí a lo que nos referimos cuando hablamos del principio de autoridad: a la autoridad divina y su hermana menor la autoridad jurídico/estatista, siempre de arriba abajo – jerárquica – y del centro a la periferia; siempre absoluta y permanente.

Existe también lo que es conocido popularmente como “autoridad moral”. Hay quienes equiparan esta llamada “autoridad moral” con la autoridad divina o jurídica. Nada más lejos de la realidad. La primera es producto de las leyes naturales inherentes al ser humano, pues este es un ser sociable, no por elección, sino por naturaleza y la vida social no es mas que la dependencia mutua individuos/masa. Por lo tanto la llamada “autoridad moral” no es “autoridad” en el sentido estricto de la palabra, pues esta no es impuesta por ningún medio coercitivo (ni siquiera de carácter psicológico) sino por la influencia natural de cada individuo. Todo individuo influye y es influenciado, negar la influencia del otro sobre nosotros o la nuestra sobre los otros, es negar nuestra existencia social y el ser humano, solo puede ser humano en sociedad, por ende, negar la influencia, generada o recibida, es negar la existencia humana misma. Mientras que la segunda y la tercera, como hemos visto arriba, son la imposición del hombre sobre el hombre a través de instituciones y estructuras artificiales que justifican la opresión y sumisión.

II.- Autoridad, disciplina y tecnología.

Justo después de la definición de autoridad, Engels presenta tres ejemplos donde intenta demostrar que autoridad y sumisión son inseparables, según él, de toda organización social, como concluye casi al final de su texto. Analicemos, pues, estos ejemplos.

“quien dice acción coordinada dice organización. Ahora bien, ¿cabe organización sin autoridad?. (…) Tomemos, a modo de ejemplo, una fábrica de hilados de algodón. El algodón, antes de convertirse en hilo, tiene que pasar, por lo menos, por seis operaciones sucesivas; operaciones que se ejecutan, en su mayor parte, en diferentes naves. Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos de un lugar a otro, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y terminar su trabajo a la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual. Lo primero que hace falta es, pues, que los obreros se pongan de acuerdo sobre las horas de trabajo; a estas horas, una vez fijadas, quedan sometidos todos sin ninguna excepción. Después, en cada lugar y a cada instante surgen cuestiones de detalle sobre el modo de producción, sobre la distribución de los materiales, etc., cuestiones que tienen que ser resueltas al instante, so pena de que se detenga inmediatamente toda la producción. Bien se resuelvan por la decisión de un delegado puesto al frente de cada rama de producción o bien por el voto de la mayoría, si ello fuese posible, la voluntad de alguien tendrá siempre que subordinarse; es decir, que las cuestiones serán resueltas autoritariamente.”
Engels; Ibíd.

De este primer ejemplo encontramos dos aspectos a resaltar. El primero de ellos es la astucia del autor de marcar entre líneas la “inherente”, para él, división del trabajo entre “ingenieros, mecánicos y peones”. Esta insinuación que pareciera superficial, no lo es, pues aquí es donde se palpa notoriamente la alienación burguesa del autor que le impide romper con la noción dirigentes/dirigido s con la que inunda todo su texto. La división que marca Engels presupone la subordinación en la línea jerárquica de producción capitalista. Si bien es cierto que la división del trabajo quizás se mantendrá durante los primero años después de la revolución -pues el conocimiento teórico/practico del funcionamiento de la maquinaria solo lo poseerán los pocos que hayan logrado concretar ciertos estudios- esta división perderá, tan pronto como la revolución social triunfe, todo su carácter jerárquico, pues el ingeniero y el mecánico dejaran de ser empleados de confianza y pasaran a la sana igualdad con los peones, así mismo el ingeniero perderá su privilegio de dedicarse solo al trabajo intelectual y perderá junto con el mecánico su salario mayor remunerado que los colocaba dentro de la lógica burguesa, por encima del peón.

El segundo aspecto a resaltar es una de las primeras pruebas de la incomprensión de Engels de los postulados anarquistas (e incluso de su misma definición). Engels habla de la “autoridad del vapor”, es decir, de la autoridad de una cosa inerte, sin conciencia y obviamente sin voluntad sobre el hombre. Pero como hemos visto arriba, autoridad significa la imposición de la voluntad de otro sobre la nuestra. Al carecer la maquina de voluntad y más aun, de vida, resulta imposible que esta pueda imponer algo a alguien.

Pero situémonos en el supuesto de Engels ¿Acaso las maquinas oprimen autoritariamente a los hombres? Según Engels, la respuesta es afirmativa y va mas allá, según él “El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han sido nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de estas fábricas, podría escribirse, al menos en cuanto a las horas de trabajo se refiere: <<Quien entre aquí, que renuncie a toda autonomía>>” Es decir, para Engels el avance tecnológico significa la subordinación del hombre a la maquina, la perdida de toda autonomía, cuando menos en cuanto a las hora de trabajo. Según Engels el hombre posee dos opciones, renunciar a su libertad y subordinarse a la maquina o regresar la rueda del tiempo. “Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, éstas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social. Querer abolir la autoridad en la gran industria, es querer abolir la industria misma, es querer destruir las fábricas de hilados a vapor para volver a la rueca.” ¿Es esto cierto? ¡Jamás!

Cada avance tecnológico representa un paso mas para el confort humano. El que no podamos gozar ahora de ellos o el que estos sean usados, por algunos pocos privilegiados, en nuestra contra, no es sinónimo de la imposición de los avances tecnológicos contra el ser humano, sino que es una prueba más de la necesidad imperiosa de acabar con la propiedad privada de los medios de producción que permiten dicha condición. En otras palabras no es la tecnología la que domina ni la que se impone a una parte de la humanidad, sino es la clase que detenta la tecnología la que se impone y domina a una parte de la humanidad. En el ejemplo concreto de Engels, No es la “autoridad del vapor” la que impone a los obreros los horarios de producción, sino que es la autoridad del patrón la que impone dichos horarios.

Probar esto resulta sencillo. En la sociedad capitalista el obrero que es contratado se ve obligado a firmar un contrato de trabajo en el cual se estipulan sus horarios de trabajo. Pero en la sociedad socialista donde los medios de producción ya no se encontraran en las manos de una sola persona, los obreros no se verán obligados a obedecer los caprichos organizativos de una persona, sino que ellos mismos decidirán el rumbo y la organización de la empresa. Es decir, la autoridad de una persona se remplaza por la coordinación colectiva. ¿Existe en la coordinación colectiva alguna imposición de la voluntad de algunos sobre otros, en otras palabras, existe el principio de autoridad en la coordinación colectiva? NO. Lo que existe es una disciplina libremente aceptada y compartida, esa si, indispensable en toda organización social. Esto lo comprendían a la perfección los antiautoritarios bakuninistas.

“Siendo hostil, como soy, a todo cuanto se denomina disciplina en Francia, admito a pesar de ello que un cierto tipo de disciplina, una disciplina no automática, sino voluntaria y consiente, perfectamente acorde con la libertad de los individuos, es y será siempre necesaria en donde un gran numero de ellos, libremente unidos, emprendan cualquier tipo de trabajo o acción colectiva. Bajo tales condiciones, la disciplina es simplemente la coordinación voluntaria y consiente de todos los esfuerzos individuales hacia una meta común.”
M. Bakunin; El imperio Knuto-germánico y la revolución social.

Esta disciplina es simplemente la expresión de la libre coordinación colectiva, donde nadie se impone sobre los demás, sino que representa el cumplimiento de la voluntad de todos; Esto es lo que los bakuninistas llamaban “disciplina humana”.

Vemos aquí dos razonamientos diferentes para un mismo caso, el primero nos habla de la autoridad del vapor que se burla de la autonomía individual, contra el cual no hay nada que hacer, mas que someterse voluntariamente o regresar la rueda del tiempo hacia atrás y el segundo nos habla de la coordinación colectiva por medio de la disciplina humana, voluntaria y consiente, perfectamente acorde con la libertad individual ¿Quién tiene la razón? Si como vemos en el ejemplo, el colectivo decide en su conjunto las horas de inicio y fin de la producción ¿Quién ha sido sometido? Nadie, pues esto es solo el resultado de la coordinación voluntaria y consiente de la libre asociación de los individuos hacia un fin común. Al no existir una subordinación impuesta, de un hombre hacia otro hombre, no existe autoridad. Mucho menos por parte de la maquina, que es prendida y apagada a placer del colectivo.

III.- El Orden y la Anarquía.

Veamos el segundo ejemplo que presenta Engels:

“Tomemos, para poner otro ejemplo, un ferrocarril. También aquí es absolutamente necesaria la cooperación de una infinidad de individuos, cooperación que debe tener lugar a horas muy precisas, para que no se produzcan desastres. También aquí, la primera condición para que la empresa marche es una voluntad dominante que zanje todas las cuestiones secundarias. Esta voluntad puede estar representada por un solo delegado o por un comité encargado de ejecutar los acuerdos de una mayoría de interesados. Tanto en uno como en otro caso existe autoridad bien pronunciada. Más aún: ¿qué pasaría con el primer tren que arrancara, si se aboliese la autoridad de los empleados del ferrocarril sobre los señores viajeros?”
Engels; Ibíd.

Este ejemplo es el colmo. Engels concibe, cuando oye hablar de “ausencia de autoridad”, lo que cualquier alienado a la lógica burguesa concibe, es decir, el caos. Las personas totalmente alienadas son incapaces de abandonar toda lógica estatista/burguesa que relaciona autoridad con orden (y no con subordinación y sometimiento) y que cuando oyen hablar de Anarquismo suelen preguntar ¿Y que harán sin autoridad? ¡Se mataran unos a otros! ¡Nadie respetaría las luces del semáforo! ¡Seria el caos! ¡La perdición! Gritan los subordinados por tradición. Solo con ellos es comparable Engels cuando pregunta “¿Qué pasaría con el primer tren que arrancara, si se aboliese la autoridad de los empleados del ferrocarril sobre los señores viajeros?”

Engels en particular y el marxismo en general, fueron incapaces de desprenderse de la ideología burguesa por una simple razón, el marxismo como teoría revolucionaria fue incapaz de superar la tradición jacobina de la revolución y esto, a su vez, lo traslado a no realizar su análisis –proletario- sobre el Estado a fondo.

Al no comprender el origen del Estado, más que desde la visión economicista, el marxismo no pudo desechar de si la concepción estatista de la humanidad, que es precisamente la negación de la misma. En el caso particular del ejemplo que analizamos ahora, es evidente que Engels cae en la visión teológico/estatista del “hombre malo por naturaleza” que necesita siempre de una autoridad coercitiva que lo mantenga por el buen camino. He aquí la relación de Estado con orden y de Anarquía (es decir, de ausencia de gobierno, de ausencia de Estado) con caos.

“Todo Estado, como toda teología, suponen que el hombre es esencialmente perverso y malo (…) Insultan, maltratan, roban, asesinan y se devoran entre si, cada uno según su inteligencia, su astucia y sus fuerzas materiales, como ahora hacen los Estados. En consecuencia la libertad humana, no produce el bien, sino el mal, pues el hombre es malo por naturaleza. (…) En consecuencia, el Estado, comienza, como la Iglesia , con la suposición de que todos los seres humanos son malos y de que, abandonados a su libertad natural, se matarían entre si y ofrecerían el espectáculo de la mas pavorosa anarquía, donde los mas fuertes matarían o explotarían a los mas débiles. (…) el Estado enuncia el siguiente criterio: con el fin de establecer el orden publico, es necesario poseer una autoridad superior; a fin de guiar a los hombres y reprimir sus pasiones malignas, es necesario tener un jefe, e imponer también un yugo sobre las personas.”
M. Bakunin, Federalismo, Socialismo y Antiteologismo.

El temor de Engels, al caos de los pasajeros de un tren sin “autoridad de los empleados” es consecuencia única de la subjetividad teológico/estatista/ burguesa de la cual ni él, ni Marx, pudieron desprenderse nunca. Esta misma subjetividad es la que les impide negar el poder político, como veremos mas adelante.

En este mismo ejemplo, hay otro punto importante, que es la necesidad de los delegados y su “autoridad” sobre el resto, pero este tema lo abordaremos en el siguiente punto, pues se repite en el siguiente ejemplo de Engels.

IV.- Escalafón jerárquico vs Delegación rotativa.

Analicemos, ahora, el tercer ejemplo del Sr. Engels:

“Pero, donde más salta a la vista la necesidad de la autoridad, y de una autoridad imperiosa, es en un barco en alta mar. Allí, en el momento de peligro, la vida de cada uno depende de la obediencia instantánea y absoluta de todos a la voluntad de uno solo. Cuando he puesto parecidos argumentos a los más furiosos antiautoritarios, no han sabido responderme más que esto: «¡Ah! eso es verdad, pero aquí no se trata de que nosotros demos al delegado una autoridad, sino ¡de un encargo!» Estos señores creen cambiar la cosa con cambiarle el nombre. He aquí cómo se burlan del mundo estos profundos pensadores.”
Engels; Ibíd.

Lo que sucede aquí es que el autor jamás pudo comprender la diferencia entre un delegado y un escalafón de mando jerárquico, es decir, autoritario. Incomprensión que por cierto han heredado nuestros críticos. Mientras Engels seguía en la lógica estatista/burguesa del mandar y el obedecer, los bakuninistas ya la habían superado y hablaban de rotatividad, revocabilidad, asamblearismo y federalismo, es decir, todo lo opuesto a la lógica estatista/burguesa del centralismo y el permanentismo de la estructura jerárquica/autoritar ia. De esta forma lo expresaban los bakuninistas.

“En el momento de la acción, en el seno de una lucha, los papeles se distribuyen espontáneamente de acuerdo con las actitudes de cada uno, evaluadas y enjuiciadas por el conjunto; algunos dirigen y mandan, mientras otros ejecutan las ordenes. Pero no hay funciones fijas ni petrificadas, nada se vincula irrevocablemente a una persona. No existe el orden y el escalafón jerárquico, por lo cual el dirigente de ayer puede transformarse en el subordinado de hoy. Nadie se eleva sobre los demás, y si así sucede durante algún tiempo es solo para volver después a su antigua posición, como retornan siempre las olas del mar al saludable nivel de la igualdad.”
M. Bakunin; El imperio Knuto-germánico y la revolución social.

¿Existe realmente una diferencia entre lo que proponemos (delegados con mandato imperativo y sin funciones fijas) y la organización autoritaria (jerárquica) actual? Si. Existe una diferencia cualitativa que se encuentra en no dotar a nadie de ningún poder oficial que lo coloque por encima de los demás, rompiendo de esta forma toda lógica estatista/burguesa del escalafón jerárquico.

“En dicho sistema el poder, hablando con propiedad, ya no existe. El poder se difunde colectivamente y se transforma en expresión sincera de la libertad de cada uno en el fiel y serio cumplimiento de la voluntad de todos; cada uno obedece por que quien manda ese día solo dicta lque el mismo –es decir, cualquier individuo– desea. Esta es la única verdadera disciplina humana, la disciplina necesaria para la organización de la libertad. Los estatistas republicanos no predican este tipo de disciplina. Quieren la vieja disciplina francesa, automática, rutinaria y ciega. Quieren un jefe, no una persona libremente elegida para un solo día, sino alguien impuesto por el Estado durante largo tiempo, si no para siempre; este director manda, los demás obedecen.”
M. Bakunin; Ibíd..

Mientras el delegado con mandato imperativo solo es un mero mensajero, el jefe posee la total libertad de toma de decisión sin siquiera consultar a los demás. Mientras el delegado cumple una función especifica, el jefe es el mando máximo por algunos años, si no es que por tiempo indefinido. Mientras el delegado cumple su función a la par de sus obligaciones sociales, el jefe es un profesional del mando. Mientras el delegado obedece el mandato de la base, el jefe obliga a la base, por cualquier medio coercitivo, a cumplir sus órdenes. En pocas palabras mientras el delegado va de abajo hacia arriba, mientras el jefe va de arriba hacia abajo. ¿Es esto un mero cambio de nombre?

Lo que podemos ver en los tres ejemplos del Sr. Engels, es que su alienación a la ideología burguesa se sobrepuso al análisis materialista del Estado, generando así la idea netamente burguesa de la conquista del poder político, que al trasladarla fuera del Estado, es decir, al llevarla a la organización social, genera la idea netamente estatista del principio de autoridad. En pocas palabras el marxismo se mantuvo en el estrecho y caduco camino de la revolución burguesa/estatista, en vez de superarla.

V.- El principio de autoridad: ¿inevitable?

Veamos ahora, las conclusiones de Engels:

“Hemos visto, pues, que, de una parte, cierta autoridad, delegada como sea, y de otra, cierta subordinación, son cosas que, independientemente de toda organización social, se nos imponen con las condiciones materiales en las que producimos y hacemos circular los productos.”
Engels; Ibíd.

Aquí Engels concluye que la subordinación y la autoridad son cosas que se nos imponen en cualquier organización social. Hemos visto que esta visión particular de Engels y de los marxistas en general, es producto de la visualización de la sociedad futura dentro del marco estatista/burgué s del dirigente/dirigido inevitable e indispensable, según ellos, en toda organización social. Hemos visto también que los anarquistas estamos convencidos y confiamos, pues el paso de la historia nos lo ha comprobado, que el proletariado, en el sentido mas amplio de la palabra, revolucionario, es capaz de destruir al Estado/Capital y fundar sobre sus ruinas un nuevo orden social sin explotadores ni explotados; sin dirigentes ni dirigidos. Algo que ciertamente no pasa por “cambiar de nombre las cosas” sino que implica un cambio radical de la estructura y la superestructura social.

“Es, pues, absurdo hablar del principio de autoridad como de un principio absolutamente malo y del principio de autonomía como de un principio absolutamente bueno.”
Engels; Ibíd.

La incapacidad de desterrar esta lógica estatista/burguesa es la que precisamente lleva a Engels a considerar al principio de autoridad como algo bueno en algunos casos; misma lógica que llevo al marxismo a formular la tesis errónea de que el primer paso del proletariado es la conquista del poder político. Trasladando así las formas jacobino/blanquista s al proletariado, en vez de potencializar y clarificar los instintos del mismo.

“¿Por qué los antiautoritarios no se limitan a clamar contra la autoridad política, contra el Estado?”
Engels; Ibíd..

He aquí, una gran prueba de la ventaja de debatir en contra de un adversario abstracto, pues si hubiera dirigido su debate contra un adversario concreto (los colectivistas) hubiera encontrado como respuesta lo siguiente:

“¿Se desprende de esto que rechazo toda autoridad? Lejos de mí ese pensamiento. Cuando se trata de zapatos, prefiero la autoridad del zapatero; si se trata de una casa, de un canal o de un ferrocarril, consulto la del arquitecto o del ingeniero. Para esta o la otra, ciencia especial me dirijo a tal o cual sabio. Pero no dejo que se impongan a mí ni el zapatero, ni el arquitecto ni el sabio. Les escucho libremente y con todo el respeto que merecen su inteligencia, su carácter, su saber, pero me reservo mi derecho incontestable de crítica y de control. No me contento con consultar una sola autoridad especialista, consulto varias; comparo sus opiniones, y elijo la que me parece más justa. Pero no reconozco autoridad infalible, ni aun en cuestiones especiales; por consiguiente, no obstante el respeto que pueda tener hacia la honestidad y la sinceridad de tal o cual individuo, no tengo fe absoluta en nadie. Una fe semejante sería fatal a mi razón, la libertad y al éxito mismo de mis empresas; me transformaría inmediatamente en un esclavo estúpido y en un instrumento de la voluntad y de los intereses ajenos. Si me inclino ante la autoridad de los especialistas si me declaro dispuesto a seguir, en una cierta medida durante todo el tiempo que me parezca necesario sus indicaciones y aun su dirección, es porque esa autoridad no me es impuesta por nadie, ni por los hombres ni por Dios. De otro modo la rechazaría con honor y enviaría al diablo sus consejos, su dirección y su ciencia, seguro de que me harían pagar con la pérdida de mi libertad y de mi dignidad los fragmentos de verdad humana, envueltos en muchas mentiras, que podrían darme.

Me inclino ante la autoridad de los hombres especiales porque me es impuesta por la propia razón. Tengo conciencia de no poder abarcar en todos sus detalles y en sus desenvolvimientos positivos más que una pequeña parte de la ciencia humana. La más grande inteligencia no podría abarcar el todo. De donde resulta para la ciencia tanto como para la industria, la necesidad de la división y de la asociación del trabajo. Yo recibo y doy, tal es la vida humana. Cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez. Por tanto no hay autoridad fija y constante, sino un cambio continuo de autoridad y de subordinación mutuas, pasajeras y sobre todo voluntarias.

Esa misma razón me impide, pues, reconocer una autoridad fija, constante y universal, porque no hay hombre universal, hombre que sea capaz de abarcar con esa riqueza de detalles (sin la cual la aplicación de la ciencia a la vida no es posible), todas las ciencias, todas las ramas de la vida social.”
M. Bakunin; Dios y el estado.

Una vez que hemos demostrado que los colectivistas, socialistas revolucionarios o anarquistas, no clamaban contra “toda autoridad” una aclaración salta a la vista. Nosotros vemos que el principio de autoridad es a la sociedad lo que el poder político al Estado. Es por esto que clamamos no solo contra la autoridad del Estado, sino contra toda autoridad oficial, oficiosa y social; contraponiendo a esto la influencia natural y la disciplina, no la automática y ciega, sino la humana, es decir, la conciente y voluntaria, que solo puede ser la expresión de la coordinación libre del colectivo.

VI.- En Conclusión.

Parafraseando el final del texto de Engels podemos concluir: Así pues, una de dos: o los marxistas no saben lo que dicen, y en este caso no hacen mas que sembrar la confusión; o lo saben, y en este caso traicionan el movimiento del proletariado. En uno y otro caso, sirven a la reacción.

Lo que nos parece mas desconcertante es que la izquierda marxista de hoy, que se autoproclama libertaria y que trae de allá para acá los términos “autonomía” “auto actividad” “anti-jerarquias” , etc., utilice como parte de su documentación teórica un texto que considera la relación dirigentes/dirigidos como algo inherente a la organización social “sea cual sea” y que considera al principio de autoridad como bueno en algunos casos. Contradicción fatal, que sin duda, se tendrán que explicar ellos mismos, pues, o no leyeron el texto o no son tan libertarios como se empeñan en hacérnoslo creer.

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[1] El volante puede ser leído en la siguiente pagina web: http://www.geocitie s.com/juventuda/ partidos. htm
[2] El documento puede ser leído en la siguiente pagina web: http://www.geocitie s.com/cica_ alt/cica/ criticaACL. htm

Anarquismo y Marxismo.

marzo 1, 2007

Análisis sobre las incompatibilidades teóricas y prácticas entre Bakunin y Marx.

(El siguiente artículo pertenece al número 1 de “Estrategia”, revista de teoría y análisis anarquista de la Alianza de los Comunistas Libertarios -Mex-)

La Revolución francesa de 1789, puso el poder del Estado en manos de la clase burguesa, después de que ésta clase se apoyara en el campesinado y en el escaso proletariado industrial que se había desarrollado hasta entonces, para derrocar al régimen monárquico que le era un obstáculo para su propio desarrollo. Pero tras esa Revolución particularmente política, hubo una cierta “restauración” monárquica en la misma Francia, centro del liberalismo europeo, lo que dio pie a un fortalecimiento de la resistencia de las fuerzas monárquicas retrogradas para aferrarse al poder de las distintas naciones europeas. Esto no quiere decir en absoluto que el régimen feudal hubiese regresado, sino que, a pesar de la dominación económica del capitalismo, la burguesía no estaba administrando directamente al Estado a través de una forma republicana, sino que éste protegía al capitalismo a través de regímenes tales como la monarquía constitucional o de dictaduras imperiales como las de los Napoleón.

Dentro de todo este contexto político fue que nació el movimiento obrero en Europa. Fue durante todo este periodo que se fue gestando poco a poco lo que posteriormente vendría a ser la Asociación Internacional de los Trabajadores, fundada en 1864.

Dentro de la Internacional existía una libertad de tendencias políticas y filosóficas, puesto que era la solidaridad económica del proletariado contra la explotación burguesa lo que marcaba la única condición indispensable para adherirse a ésta organización. Al existir esa sana libertad de corrientes políticas dentro de la Internacional, se configuraron tres grandes corrientes, dos de carácter claramente socialista, como lo eran el marxismo y el anarquismo (mejor conocido en aquella época como socialismo revolucionario o colectivismo) y una que puede ser mas bien catalogada como corriente de carácter pequeño-burgués, nos referimos al mutualismo inspirado principalmente en los postulados de Proudhon.

En el seno de la Internacional se desarrolló una fuerte disputa entre las distintas líneas políticas que se mencionan en el párrafo anterior, pero hubo específicamente una disputa que resaltó sobre las demás, y que trastoco a todo el movimiento revolucionario de Europa en aquellos tiempos, y que a mas de 140 años de la fundación de aquella organización sigue generando debate; nos referimos a las diferencias entre el comunismo marxista y el colectivismo bakuninista.

Tal confrontación programática estaba centrada sobre todo en las distintas apreciaciones existentes entre ambas corrientes políticas sobre la vía de destrucción de las relaciones sociales capitalistas. Creemos que es sumamente importante que el lector tome muy en cuenta éste punto, ya que ha sido algo característico de los pseudo debates de las corrientes leninistas contra el anarquismo, el esforzarse por desterrar a la corriente libertaria de sus evidentes raíces y orígenes obreros. Durante el siglo XX, cualquier cantidad de textos en contra del anarquismo fueron elaborados por organizaciones marxistas, que empleaban como principal recurso, no la argumentación seria de las ideas, sino la vulgar tergiversación de la historia, para tratar de convencer a los lectores de que el anarquismo no tenia absolutamente nada que ver con el movimiento obrero, que aquel no era un ideario para la lucha por el Socialismo, como lo comprueba su teoría y practica histórica, sino un supuesto movimiento de “origen puramente pequeño-burgués”, que aspiraba a la constitución de una sociedad basada en la pequeña propiedad privada.

Todo aquel que tenga un mínimo de conocimiento de la teoría anarquista, de la historia del movimiento obrero y de la relación del anarquismo con él, fácilmente reconocerá el carácter evidentemente falso de las afirmaciones vertidas en esos pobres debates.

Mas bien, como se dice líneas arriba, la confrontación histórica del marxismo y el anarquismo, no está basado en un supuesto “Programa Proletario Marxista vs. Programa Pequeño-Burgués Anarquista”, como con toda la intención de engañar ha dicho el leninismo y sus vertientes (estalinismo, maoísmo, trotskismo, etc), sino en las formas que tienen que asumir las luchas de los explotados para combatir de manera efectiva a la burguesía y su Estado.

Como ya hemos dicho, la disputa política entre ambas corrientes se basaba en una interpretación muy distinta sobre la organización y vía que debían de tomar las masas explotadas para alcanzar su definitiva emancipación, y no en el objetivo final que nos hemos planteado, como perfectamente puede verificarse en los documentos históricos de ambas corrientes.

Para entender un poco mas tanto las concordancias como las discordancias entre ambos programas, se vuelve indispensable estudiar un poco la evidente diferenciación que hace Bakunin sobre el pensamiento de Marx. Para Bakunin, Marx es un estudioso muy serio, y un genio profundamente conocedor de las leyes económicas. Esto lo reconoce Bakunin en repetidas ocasiones, dejando perfectamente claro que ni las mas abismales discrepancias políticas y personales con el alemán, pueden hacerle desconocer el mérito que ha tenido éste en desenmascarar el verdadero carácter explotador del sistema burgués. De hecho es Bakunin quien hace la primera traducción al ruso del Manifiesto comunista, y quien después también se da a la tarea de escribir el breve panfleto titulado “El Sistema Capitalista”, que dice elaborar para hacer mas accesibles a los proletarios las lecciones de “El Capital” de Marx, escrito en un lenguaje comprensible solo para los intelectuales y conocedores de economía.

Hasta aquí podemos hablar del Marx con el que concuerda Bakunin, el Marx que va hasta el fondo del análisis de la sociedad mercantil capitalista, ese Marx que es en parte el que convence a Bakunin de la noción de la revolución socialista de los trabajadores, como el mismo ruso le confiesa al alemán en una carta fechada el 22 de diciembre de 1868: “… ahora comprendo mejor que nunca que tenías razón al seguir la ruta de la revolución económica, al invitarnos a todos a seguir el mismo camino, y al denigrar a aquellos de nosotros que se perdían por las sendas de las empresas nacionalistas o exclusivamente políticas. Estoy haciendo ahora lo que tú empezaste a hacer hace más de veinte años. Desde la despedida pública y solemne que he dirigido a los burgueses del Congreso de Berna, no conozco otra sociedad, otro ambiente que el mundo de los trabajadores. Ahora mi patria es la Internacional, de la que tu eres uno de los principales fundadores. Ya ves, querido amigo, que soy tu discípulo y que estoy orgulloso de serlo. “

Pero por el otro lado, estaba el Marx político, el Marx que no solo hacia una critica seria y admirable del capitalismo, sino que además tenia su concepción particular de cómo habría que terminar con tales relaciones de producción, y es precisamente éste Marx al que Bakunin, y toda el ala libertaria de esos tiempos se oponen tan radicalmente, marcándose así la separación histórica de ambas corrientes socialistas.

El Manifiesto Comunista de 1848, obra central del pensamiento marxista, es quizás el mejor de los ejemplos de esta contradicción entre los postulados de carácter negativo y positivo, que representan tanto Marx como Engels. Mientras que por una parte el Manifiesto comunista puede ser considerada como la primera declaración de guerra a la civilización burguesa desde una óptica materialista de la historia, puesto que nos dice claramente lo que está realmente detrás de las relaciones entre patrones y trabajadores, es también preciso señalar que en sus consideraciones positivas (constructivas), los planteamientos del manifiesto no son de carácter estrictamente revolucionarios, sino socialdemócratas, reformistas.

Aunque no hay duda que para el tiempo en que fue publicado el manifiesto, las ideas ahí vertidas eran sumamente radicales, también es indispensable declarar abiertamente que el manifiesto nos revela que Marx y Engels no pudieron desentender su propuesta de la de los jacobinos en la Revolución burguesa. El manifiesto comunista concibe el proceso de transformación revolucionaria de la sociedad a través de una revolución meramente política, en la que una vez que los representantes de la clase obrera conquistaran el control del Estado, estos se encargarían de ir tomando medidas que posibilitaran el paso del capitalismo al socialismo, todo esto, además, de manera gradual, conforme las medidas adoptadas por el gobierno de los obreros, fuesen imposibilitando a los burgueses el sostener sus empresas, las cuales irían a pasar a manos del Estado. Así explican los autores del manifiesto comunista, en esa misma obra, el proceso que señalamos:

“El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas.”

Marx y Engels esperaban que a través de una serie de decretos que impusieran un incremento general tanto de los salarios, como de los impuestos a los propietarios, así como de la nacionalización directa de ciertas áreas de la economía, podría irse gestando la trasformación social.

Esto nos lleva a otro dato significativo; que esa etapa que el marxismo caracteriza como la “dictadura del proletariado”, o lo que vendría a ser el “proletariado organizado como clase dominante”, ni siquiera es una fase donde el proletariado se haya apoderado de manera autónoma, a través de su propia actividad revolucionaria, de los medios de producción, y en la que haya instaurado su control autogestivo sobre la sociedad, defendiéndose además de la agresión contrarrevolucionaria burguesa, sino una etapa en la cual la burguesía sigue existiendo como clase, manejando sus negocios y explotando el trabajo obrero, con la diferencia de que el partido de los obreros se ha apoderado del control del Estado, el cual utilizará, se dice, para llevar a cabo las medidas de las que ya se habló en los párrafos anteriores, en función de suprimir a la clase capitalista.

Nótese que hemos hablado en un párrafo que éste método es reformista, pero a su vez hemos dicho que éste programa expone la perspectiva de una revolución política. Quizá pueda parecer esto contradictorio, por eso es preciso clarificar que es exactamente a lo que nos referimos. Una revolución política es aquella en la que los representantes, o supuestos representantes de una clase (o hasta de una fracción de la clase dominante), desplaza del poder político estatal a la clase que lo tiene bajo su control, ya sea a través de una transición pacifica o violenta. Esta fue la forma que asumió la Revolución francesa de 1789, que llevó a cabo la burguesía para apoderarse del Estado, y utilizarlo para generar los cambios necesarios que le permitieran su dominio, y esta es la misma formula postulada por Marx y Engels en el manifiesto comunista, cuando nos dicen que la condición indispensable para la emancipación del proletariado es que éste se apodere primeramente del poder político del Estado.

Los Anarquistas creemos que no es posible aplicar la misma formula jacobina a la revolución de los trabajadores, ya que existe una diferencia cualitativa fundamental entre una revolución que tiende a apoderarse del Estado, sin la menor intención de acabar con él, y más bien, perfeccionarlo para garantizar un dominio permanente sobre las demás clases, y una revolución del proletariado, que por sus mismas implicaciones materiales solo puede tender a la abolición de todas las clases. Una de las más grandes diferencias que tiene el Bakuninismo con el Marxismo, es precisamente la negación del primero a desarrollar una revolución exclusivamente política, la cual, trasladada al campo del proletariado, no puede sino generar un resultado reformista, es decir, con el mantenimiento de las relaciones basadas en la explotación de la mayoría por una minoría.

Un detenido estudio del manifiesto nos revela el carácter desviacionista de la formula marxista, una desviación que podemos identificar como “superestructuralista”. ¿Qué quiere decir esto de “desviación superestructuralista”? Este punto es más interesante de lo que puede parecer, pues es uno de los ejes fundamentales entre la divergencia marxista-bakuninista, y esto por lo siguiente.

Ya anteriormente a Marx, se había llegado a una cierta comprensión de que el verdadero mal de la sociedad provenía primeramente del factor económico, siendo sin duda uno de los estudios mas serios sobre esta materia el desarrollado por Proudhon, en su trabajo “¿Qué es la propiedad?”, donde el revolucionario francés afirma una indiscutible verdad, sobre la que se asienta todo el pensamiento socialista. Proudhon señaló que la propiedad privada es la primera piedra sobre la que se levanta el edificio de la desigualdad y la injusticia. Mas allá de que Proudhon terminara proyectando una sociedad que no rompía con la propiedad, sino que únicamente se presentaba reducida extremadamente, no cabe duda de que el estudio ya mencionado influyó mucho sobre Bakunin y el mismo Marx, quien pese a la influencia que pudo haber recibido de Proudhon, se lanzó en una fuerte crítica sobre éste, ya que el francés nunca logró deslindarse de sus abstracciones metafísicas.

Marx, tomando como base el planteamiento de Proudhon, también llega a la conclusión de que la tarea del proletariado es transformar las formas de producción , es decir, atacar el problema económico, el problema de la propiedad.

En economía política, lo referente a la cuestión meramente económica se le conoce con el termino de “estructura”, la cual a su vez da base, tanto a las formas objetivas y orgánicas que adquiere el Estado, como a las manifestaciones subjetivas (ideas) dominantes en dicha sociedad. Sin embargo, la vía supuestamente revolucionaria expuesta por Marx, invitaba al proletariado, no a deshacerse de la “estructura económica”, tomando para sí los medios de producción y poniéndolos bajo su propio control, sino a apoderarse previamente de la “superestructura” burguesa, o sea, del Estado, y desde arriba, paulatinamente, ir transformando la estructura económica.

El marxismo, entonces, deja en un segundo plano el problema en que se fundamentan todas las iniquidades sociales, para dirigir sus esfuerzos, primeramente, a la conquista del poder político, el cual puede conquistarse ya sea a través de una insurrección obrera que ponga el poder político en manos de los jefes revolucionarios, o mediante una transición pacifica, en la que por medio del sufragio universal, el partido de los obreros consiguiese la hegemonía necesaria para imponer medidas que, ahora sí, le permitieran atacar la “estructura” de la sociedad.

He aquí todo el método del jacobinismo burgués trasladado al campo del proletariado, he aquí una vía que sirve para constituir y garantizar el poder de una clase que pretende imponerse y dominar a otras clases, trasladado a una revolución que pretende, muy por el contrario, barrer con todas las bases (estructurales y superestructurales), que permiten la existencia misma de las clases.

El planteamiento de Bakunin, en contraposición al de Marx, es el de una revolución económica y política a la vez; política no en su sentido positivo, es decir, de afirmación del Estado, sino completamente negativo, o sea, en la total destrucción del Estado, instrumento sobre el que se apoya la dominación burguesa, que una vez destruido, despoja a esa clase de la base real de su existencia, que se sustenta en la legitimación jurídica de la propiedad por parte del Estado. Estos dos puntos son de carácter trascendental para el entendimiento preciso del Bakuninismo, nos referimos, claro está, al carácter de revolución económica y revolución política.

Bakunin sitúa a las masas trabajadoras en el papel de protagonistas principales en el proceso de transformación revolucionaria de la forma de propiedad burguesa (privada) a la forma de propiedad socialista (colectiva), puesto que son las mismas masas las que habrán de apoderarse de las fabricas, maquinas, herramientas, tierras y demás medios de producción, y reorganizarán la sociedad de manera que pueda accederse a los medios de vida mas igualitarios posibles, (constitución de la clase trabajadora en Asociación Internacional de Trabajadores Libres, como solía llamarle Bakunin) sin tener que esperar su “redención” de las manos de alguna minoría intelectual constituida en gobierno, todo esto aunado a un sistema “político” que elimine por completo la dominación de unos sobre otros.

Estamos aquí ante una seria diferencia entre Marx y Bakunin, mientras el primero promueve la acción organizada de la intelectualidad proletarizada para emancipar a los explotados, el segundo defiende la acción autónoma del proletariado hacia su propia liberación.

Ahora, en lo concerniente a lo político, como ya se dijo en un párrafo anterior, si bien Bakunin al igual que Marx considera que se debe actuar sobre la “superestructura” para generar un cambio en las relaciones humanas, lo hace en un sentido completamente diferente. Bakunin considera que hay una reciprocidad dialéctica de causas y efectos una vez dada la relación entre estructura y superestructura social, y manifiesta una y otra vez que la esencia de la Revolución depende de la apropiación expropiatoria de la burguesía a manos de la clase trabajadora, pero además de la mas absoluta destrucción de la institución sin la cual la explotación económica no podría sostenerse, hablamos evidentemente del Estado. De la siguiente manera, hablando sobre la Internacional, es que Bakunin explica el carácter de la revolución política desde una perspectiva proletaria:

“La gran tarea que la Asociación Internacional de los Trabajadores se ha propuesto, la tarea de la emancipación definitiva y completa de los trabajadores del yugo de todos los explotadores –de los patrones, de los poseedores de las materias primas y los medios de producción; en una palabra, de todos los representantes del capital– no es sólo un objetivo económico o puramente material. Es al mismo tiempo una tarea social, filosófica y moral; y a la vez… una alta tarea política, pero solo en el sentido de la destrucción de toda la política mediante la abolición de los Estados.”
Mijail Bakunin; Afirmación de la Alianza.

Como se ve, esta diferencia de razonamientos puede resumirse de la siguiente manera: La creencia en Marx de la división de la revolución en dos etapas, una en la que el proletariado debía aliarse al ala mas radical y democrática de la burguesía, para que ésta clase pudiese establecer su propio dominio e impulsar ciertas libertades democráticas que le permitirían al proletariado, en una segunda etapa, utilizar estas mismas libertades generadas por la burguesía para atentar contra ella, y establecer por último “la dictadura del proletariado”, mientras que Bakunin juzgaba posible que los explotados lograsen pasar de un marco capitalista no democrático hacia el socialismo de manera directa, sin tener que asumir una táctica de colaboración de clases con la burguesía, para que ésta instaurara su propia Republica. Bakunin considera que una alianza con la clase capitalista solo puede producir un efecto nocivo para el objetivo mas profundo del proletariado, a saber, la abolición de toda clase de explotación y dominación del hombre sobre el hombre. Es por esto que en “cartas a un francés” el revolucionario anarquista hace una severa crítica al partido marxista dirigido por Bebel y Liebknecht, por promover una política de alianza con el radicalismo burgués:

“Esta desdichada idea de la revolución política que, como dicen los socialistas alemanes, ha de preceder a la revolución social, abre de par en par las puertas del Partido Social-Demócrata Obrero a todos los demócratas radicales alemanes exclusivamente políticos, personas que tienen muy poco de socialistas. Así, ha sucedido ya en varias ocasiones que el Partido Social-Demócrata Obrero ha sido inducido por sus jefes – no por su propio instinto colectivo, mucho más socialista que las ideas de sus jefes – a confraternizar con los demócratas burgueses del Partido Popular (Volkspartei), un partido exclusivamente político que no sólo es extraño, sino directamente hostil a cualquier socialismo serio.”
Mijail Bakunin; Cartas a un francés.

Y una vez más, podemos encontrar el rechazo de Bakunin a la colaboración entre clases que tienen intereses completamente opuestos cuando nos dice:

“Está claro que la sección socialista revolucionaria del proletariado no puede aliarse con ninguna facción, ni siquiera con la facción más avanzada de la política burguesa, sin transformarse inmediatamente, en contra de su voluntad, en un instrumento de esa política”
Mijail Bakunin; Afirmación de la Alianza.

Estas y otras declaraciones por el estilo, ubicaron a Bakunin como el blanco perfecto de una campaña en su contra que montó el ala marxista de la primera Internacional, después retomada y agudizada por el bolchevismo. Hasta nuestros días solemos escuchar la versión según la cual Bakunin y los colectivistas de su época, supuestamente invitaban a la clase trabajadora a darle la espalda y abstenerse de todo tipo de política. Evidentemente, a la única política a la que Bakunin invitaba a rechazar, era la política oficial burguesa. Bakunin comprendió que la política de los capitalistas no podía ser sino una vil trampa que debía combatir el proletariado, ya que las “libertades” democráticas a las que podía accederse en una Republica capitalista, no eran sino el disfraz democrático con que se cubría la real dominación de unos cuantos capitalistas sobre los desposeídos. El revolucionario anarquista no luchó para que los trabajadores organizados en la Internacional se olvidaran de hacer política, sino para que evitaran hacer política burguesa (que evidentemente no es la misma cosa); para que no comprometieran sus aspiraciones y objetivos a los mecanismos estatales, que le son ajenos de principio a fin, porque es precisamente en ellos, donde descansa la base misma de su condición como esclavos del trabajo asalariado.

Luego de casi un siglo y medio de aquellas disputas, hoy parece estar mucho mas claro, al menos para la izquierda más radical, el verdadero rol que juega el mecanismo democrático burgués, sin embargo, en la época de la primera internacional, entre el ala marxista, y a pesar de reconocer que la democracia parlamentar-republicana no era sino la dictadura de la burguesía, existía la confianza de poder hacer uso del sistema burgués y utilizarlo contra los intereses de clase de la misma burguesía, de ahí que Marx declarara en 1873, cuando se supone que había ya transformado su concepción sobre el Estado, derivada de las lecciones de la Comuna de París, que en ciertos países, entre los cuales se encontraba Holanda e Inglaterra, la transición al socialismo podía darse de forma pacífica, es decir, utilizando las instituciones estatales del privilegio y la explotación, para supuestamente destruir lo uno y la otra, y con esto “cambiar” el carácter de clase del Estado.

Esta creencia, según la cual las libertades democráticas podían ser empleadas contra la misma dominación burguesa, está mucho más profundamente expresada en Federico Engels, el mejor de los ejemplos es su prologo a “Las luchas de clases en Francia”, donde el comunista alemán, hasta en un tono irónico, se mofa de aquellos que aún tienen esperanzas en la acción directa y autónoma del proletariado, habla sobre los importantes “logros” que ha conquistado su partido a través del parlamentarismo, y vaticinaba que en apenas unos pocos años tendrían la suficiente fuerza electoral como para hacerse del control político y poder llevar adelante su programa. Es obvio que después de poco más de 100 años de haber sido redactadas aquellas palabras, y con toda la experiencia histórica que nos legaron las luchas proletarias del siglo XX, hasta resulta cómica la lectura de un planteamiento tan colmado de idealismo. Hoy solo el reformismo más vergonzoso, y a la vez más liquidado, puede sostener planteamientos afines a aquellos de Engels en la última década del siglo XIX.

En aquella polémica sobre la supuesta abstención política de los anarquistas, Bakunin lo único que defendió y sostuvo, es aquello que hoy es completamente evidente, a saber, que la política burguesa, por más libertades y espacios que pueda otorgar, nunca será más que una trampa para el proletariado y todos los estratos sociales que sufren bajo el actual orden de cosas, y que lejos de ser una vía de liberación, la falsa e hipócrita democracia del capital es la mejor herramienta para inutilizar y canalizar las luchas y los movimientos sociales del pueblo pobre que pone su confianza en ella. El sistema electoral, de supuesta representación popular, no ha sido, para los intereses de los explotados, más que la perfecta fábrica de nuevos burgueses, individuos con largas carreras como jefes de partidos supuestamente obreros y revolucionarios, que una vez situados en algún espacio de poder estatal no han hecho otra cosa que no sea utilizar ese poder para enriquecerse, y eso sí, lanzando algunas cuantas migajas a aquellos que dicen representar, para mantener el clientelismo, y poder seguir manipulando la fuerza obrera para mantener sus nuevos privilegios.

Como se ve, el rechazo a los mecanismos políticos del Estado, y la adopción, por el contrario, de la táctica de la Acción Directa Obrera, con las formas orgánicas que ésta conlleva, como lo es la democracia directa asamblearia, no son de modo alguno caprichos y obsesiones anarquistas, sino francas necesidades materiales básicas en el trabajo por la construcción del Frente Único del proletariado, de una clase obrera consciente, autónoma y militante, que se enfila hacia la demolición de la enferma e incurable sociedad burguesa, hacía la negación misma de su condición como clase, y de todas las clases, en la nueva civilización que no hallará cabida para la explotación y la dominación de una parte de la humanidad sobre la otra, sino la armonía social de la misma.

Si se hace énfasis en este punto, es porque desde los tiempos mismos de la Internacional, se ha prestado en incontables ocasiones para la crítica del marxismo sobre el anarquismo. Se ha pretendido atribuir a nuestra defensa de las practicas horizontales una fuente más bien moral que material o práctica, cuando para el anarquismo revolucionario histórico, partiendo de los postulados Bakuninistas, y estos a su vez del riguroso estudio del movimiento real de las masas obreras, de su organización, instintos y aspiraciones, la explicación de sus postulados anti-verticalistas se cimienta sobre lo segundo, como se dijo ya, en una necesidad material y practica. Bakunin no levantó las banderas de la autonomía política y organizativa del movimiento de las masas populares, porque considerara inmoral el “mancharse las manos” dentro del Estado burgués, sino porque comprendía correctamente (y la historia de las revoluciones políticas marxistas le dan plenamente la razón) que la esencia de la Revolución Social no pasa por apoderarse del Estado o reconstruir uno nuevo, pintado de rojo y etiquetado de revolucionario, sino en la destrucción misma de todas las instituciones de la desigualdad, de todos los Estados y su reemplazo por nuevas relaciones sociales, políticas y productivas para la sociedad humana libre y emancipada.

La confrontación histórica entre Anarquismo y Marxismo, solo puede ser superada en base del reconocimiento de las amplias enseñanzas de Marx, pero llegando a la conclusión (demostrada por los acontecimientos históricos materiales) que la aplicación de sus tesis positivas están alejadas, y por mucho, de una comprensión real del movimiento y necesidades del proletariado para una definitiva emancipación. De esta forma, creemos también que debe reconocerse, por quienes hoy propugnan por dicha superación, que la misma solo puede ser el resultado de comprender que en tal disputa, el Anarquismo formulado por Bakunin, lejos de ser una ideología personal, es el ordenamiento teórico de las acciones y aspiraciones reales del proletariado, estudiadas en el seño mismo del desarrollo de la lucha de clases, y que han logrado formular las tesis para el derrocamiento final de todos los absurdos económicos y políticos que conllevan la existencia de la propiedad privada y el Estado. Por tanto, la superación de la confrontación entre marxismo y anarquismo, solo puede alcanzarse cuando se reconozca que el anarquismo es la superación misma del programa socialdemócrata reformista del marxismo y que aquel (el anarquismo), es en si mismo, solo el programa de la lucha natural que desarrolla (y desarrollará hasta su triunfo final) el proletariado contra la burguesía.

Lo que se ha intentado exponer hasta aquí, son las evidentes discrepancias teóricas, con fuertes implicaciones practicas, entre Anarquismo y Marxismo. Es por estas implicaciones practicas, que consideramos que la disputa histórica entre ambas corrientes anticapitalistas, no puede ser superada por el decreto caprichoso de los revolucionarios del siglo XXI, como pretenden ciertas líneas políticas, sobre todo desde el marxismo, pero también desde el anarquismo. La única que puede dar fin a la confrontación teórica, es la resolución practica de la lucha contra el capitalismo, solo ella podrá revelarnos la veracidad o las limitaciones de cada uno de los programas.

Por nuestra parte, desde nuestra trinchera Anarquista y Proletaria, nos abocamos a luchar por lo que postula nuestro programa revolucionario, y que no es otra cosa que la aspiración histórica (instintiva o conciente) de los oprimidos y los explotados de todos los rincones del planeta: la destrucción total y definitiva de toda explotación y dominación humana.